domingo, noviembre 01, 2015

V Recreacion del Sitio de Tarifa

V Recreación Histórica del Sitio de Tarifa

El primer evento de la recreación de Tarifa era la apertura del campamento, el día amaneció malo y los pronósticos en los últimos días eran de lluvia así que no se acercó mucha gente. El campamento tampoco era muy grande, en el estaban solo los polacos, aunque también es cierto que el campamento de la recreación de este mismo año en Zaragoza aún fue más pequeño todavía (aunque el de hacía dos años había sido más grande). Luego comenzó el camino hasta la alameda, donde se reunieron todos los grupos recreados, las autoridades y el regimiento Cantabria desfilo hasta el castillo de Tarifa donde colocaron sobre una de las torres la bandera de España, igual que el resto del evento era un desfile por la ciudad que terminaba en la iglesia donde alzaron las banderas de los países participantes en el evento a la vez que sonaba su himno nacional, en fin, la parte más política y que menos me gusta de las recreaciones de este tipo. En el desfile me dijeron que fuera con el pueblo, que era el grupo de arrabal de puntuales de Cádiz, las mujeres del grupo fueron muy majas conmigo y también Pepe el bandolero con quien ya había coincidido en la recreación de Madrid. Estábamos acabando el desfile y llegando a la calle frente a la iglesia donde iba a ser el discurso y las salvas de honor cuando comenzó a llover. Y no es que lloviera poquito y rápido sino que llegado un momento cayó tanta agua y con tanta fuerza que el pueblo y parte del ejército francés que iba delante acabamos refugiados bajo el techo del puesto de periódicos, la tienda de ropa de la calle, etc. Porque caía un agua, y bajo la lluvia las autoridades seguían y seguían hablando, que largo se me hicieron todos los discursos. Al finalizar el acto me fui directa a mi hostal, que afortunadamente estaba al lado, a cambiarme las medias y los zapatos y coger un manto porque estaba empapada y tenía los pies arrugados del agua que me había calado. Tras eso fui a picotear algo de comer. Con respecto a las comidas la asociación histórico cultural tarifa 1812 me ofreció vales para desayunar, comer y cenar, pero yo no desayuno y los de la comida y cena se los devolví sin usar a la asociación el mismo día del evento a través de chan el monje de la recreación porque por principios me negaba a ello, pagaría por mis gastos como hice en Madrid con el metro y demás gastos. Aunque el domingo al final el picote de la comida me salió gratis porque el dueño del lugar que me había visto ir a comer, cenar y comer con todos los demás recreadores, vestida y que era la única que pedía otra cosa y pagaba su comida y bebida, le extraño y, como conocía a uno de los de la asociación que me invitaron en Madrid a ir a Tarifa y que se preocuparon en todo momento porque mi estancia fuera agradable y nunca dejarme sola, pues se acercó y preguntó que por qué yo pagaba todo si iba vestida de época y participaba en la recreación, así que le explicaron y dijo que esa comida me invitaba la cas ay no hubo forma de pagarle, así que todo mi agradecimiento a la hospitalidad tarifeña (por cierto, no soy de mezclas pero la tapa de salmón y queso bree estaba exquisita). Después de comer el sábado por la tarde dejó de llover e hizo una tarde y una noche buenísima, hacia hasta calor, por lo que aunque nublado la recreación se pudo hacer sin tanto problema, pues el hándicap de la lluvia es que a los recreadores se les moja la pólvora y ya no consiguen disparar. En la recreación de por la tarde solo desfile tras el Cantabria hasta las murallas de la ciudad, aunque me separé a señalar a una compañera de recreación donde tenía su grupo y casi no consigo llegar a las murallas, pero como me dijeron que históricamente en Tarifa las mujeres fueron trasladas a la isla de las palomas para protección en este caso, en contra de lo que pasó en Zaragoza o Madrid, una dama no pintaba mucho así que una vez iban a comenzar la recreación salía por donde echaron al público (que no había más que meterse por medio ignorando las vallas) y subí hasta las murallas que son el mejor sitio para ver toda la recreación. Lógicamente como estuve hasta el último momento con los recreadores cuando subí a las murallas ya había un montón de gente, por suerte soy alta y tengo los brazos largos así que conseguí vistas de lo que pasaba por un lado, donde estaban los españoles, ingleses de Gibraltar e irlandeses, con el monje bendiciéndolos mientras se preparaban para la batalla y a general Copons dirigiendo la batalla, luego a medida que el ejército avanzaba y bajaba de las murallas hacia la costa me dirigí hacia el otro lado de la muralla donde podía ver la esquina junto a la torre donde estaba el cañón y luego el montículo de hierba y arboles hasta la costa donde estaban los franceses y polacos, desde ahí tuve una vista perfecta del ataque entre ambos ejércitos, que si no hubiera espectadores con el mar de fondo hubiera sido un viaje al pasado pero aún así el lugar es espectacular, muy bonito, aunque el problema de las plantas es que los bomberos tuvieron que apagar un fuego que se inició durante la recreación. Luego, a medida que los españoles e irlandeses hacían retirad ay el ejército francés y polaco avanzaba por los dos flancos volví al otro lado y encontré un hueco para ver cómo iban cayendo soldados heridos y los llevaban hasta el médico y como se enfrentaron en un momento el ejército cuerpo a cuerpo hasta que los aliados se tuvieron que retirar ante el avance francés. Por cierto, a mi lado casi todo eran turistas extranjeros por el inglés y alemán que hablan entre ellos. Al día siguiente el campamento tuvo más visitante pero es que amaneció soleado y hasta la hora de la comida no llovió. Es más, hizo demasiado calor. Tanto en la recreación del sábado como del domingo un locutor te iba contando los acontecimientos de la batalla, como en Waterloo, lo que estaba muy bien para saber un poco más que es lo que está pasando y quien es quien, porque si vas pero no participas es muy fácil no entender lo que se está viendo. El domingo si participé en la recreación pues cambié el traje al de la época pero de mi tierra, de Aragón, por lo que me uní a las mujeres del pueblo que eran enfermeras, dado que según me dijeron históricamente el pueblo no luchó, como en Zaragoza, sino que se encargó delos heridos y enfermos. Me dieron varios paños para poder vender a los heridos, eso sí, mucho herido pero excepto a uno nadie tuvo que ser operado y nadie se nos murió, pero es que la recreación del domingo era mucho más interesante, igual no tanto para el público, que no debía tener mucha visibilidad, pero si para los recreadores, dado que era una división de la plaza, donde la muralla estaba rota, en lo alto de la muralla un regimiento disparando, abajo entre una muralla de madera y paja el resto del ejercito a un lado, con los músicos al fondo tocando sin parar durante la lucha, y en una esquina tras el muro de una casa la zona de enfermería con las mujeres y el médico, y al otro lado los polacos y los franceses atacando para entrar al pueblo. Hubo un momento que hasta tuvimos prisioneros a un francés y un polaco y como dijo el médico, fuimos solidarios y les atendimos sus heridas y les dimos de beber. Debido al intenso calor y la batalla (me contó un recreador que lo me más le gusta es en la batalla sentir el arma caliente bajo sus manos después de un disparo, por lo que tras varios disparos entre el calor de la ropa y el del fuego la batalla en sí ya da calor), las aguadoras y cantineras no pararon en su trabajo de repartir agua fresca a los soldados en la batalla. Me contaron que el año anterior no tenían escaleras para subir a la muralla y que tenían que pasar por las casas de los vecinos para poder saltar por la ventana y llegar a la muralla, mientras el que me lo contaba decía que claro, no era serio eso de cruzar toda la casa de un vecino hasta la ventana para llegar a la muralla yo contesté que no, que así era más auténtico, dado que en la época seguro que también hubo momentos en los que los soldados tuvieron que recorrer las casas para poder llegar a las murallas y defender la ciudad de la invasión francesa, que no consiguieron llegar (por cierto, históricamente a los franceses también les llovió cuando iban a atacar Tarifa y fue uno de los factores para su pérdida). Al final de la batalla hubo otra vez discursos y entrega de medallas por el alcalde vestido de época con un retrato de Fernando VII al fondo, dos maceros custodiándolo y una lectura y jura de la constitución española de 1812. En fin, que es necesario porque el ayuntamiento seguro gasta dinero para la recreación pero la parte de discursos, medallas y demás es la que menos me atrae de las recreaciones militares en España, pero como dijo el fotógrafo que conocí en la recreación del baile de la duquesa de Richmond en Bruselas, cuando Waterloo, y que estaba también en Tarifa; es algo obligado en todo el mundo a la hora de hacer una recreación en un espacio público y para el público. Así que nada, eso es lo que hay, por eso son mejores las civiles a las que voy fuera de España. Cuando un inglés me preguntó por dónde había comprado mi abanico (cuando iba de dama) porque eran todos los detalles perfectos y quería comparar un abanico igual a su mujer, comenté lo del tema de la recreación civil con el fotógrafo y en dijo que por qué no me animaba a hacer yo una recreación como esas a las que había ido fuera de España, pero es que una de las cosas que me gustan de la recreación es que puedo viajar fuera y descubrir lugares nuevos. Es decir, combino dos aficiones en una.
Visita: Octubre 2015

Mis imágenes: Dentro de álbum Recreaciones Viajeras

Información para viajar: Pendiente

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