miércoles, marzo 08, 2017

Jerusalen - Israel

Jerusalén

Jerusalén tiene mucho para ver, es una ciudad en la que se tiene que estar varios días. A nosotras nos quedaron dos sitios de la lista en el tintero, pero la cuestión es que los dejamos sin ver porque no nos apetecía, y si algo no te apetece, tampoco vas a forzar una visita solo porque todo el mundo haya ido. Llegamos a Jerusalén la tarde del jueves, pero ya estaba anocheciendo. Este es el lugar de todo Israel donde más vimos a los judíos ortodoxos. Camino a nuestro hotel pasamos por el barrio religioso y el guía nos comentó algo que habíamos estado viendo en las noticias israelís cuando estuvimos en Tiberiades y la televisión del hotel no tenía más que noticias en hebrero y en español solo había una telenovela. Resulta que Israel es un país muy religioso, pero también un país muy igualitario en cuanto a la justicia. De forma que si el servicio militar es obligatorio para todos los israelís, hombres y mujeres sean de la religión que sean, eso se tiene que cumplir. Pues resulta que un judío ortodoxo no se presentó cuando recibió la carta del servicio militar y claro, lo mandaron a prisión, por eso los judíos ortodoxos están manifestándose. Vimos las imágenes de las manifestaciones en la televisión, pero también en vivo cuando pasamos con el autobús. Había concentrado un pequeño número de judíos, y policía a pie, en coche y a caballo. Mientras estábamos parados en un semáforo vi a un judío ortodoxo cómo se subía el pañuelo tapándose la cara como hacen aquí cuando no quieren que los reconozcan, y me dije, ese se está preparando para la manifestación o para montarla. Esa noche estábamos tan cansadas que no salimos del hotel, donde cenamos junto a una pareja mejicana y nos fuimos a dormir. Al día siguiente, viernes, comenzamos el día visitando el museo de Israel, cuya cúpula, que se ve desde lejos, se mantiene a la misma temperatura gracias a las fuentes de agua que caen sobre ella; una arquitectura muy moderna y original. En el museo de Israel vemos la maqueta de la antigua ciudad y el guía nos va explicando la historia arqueológica de todo lo que vamos a ir viendo esos días. Cuando nos dirigimos a otro de los sitios del museo y mientras el guía nos explica oímos como un dron nos sobrevuela, eso sí que es vigilancia. Entonces entramos en unas salas con forma de cueva donde vemos objetos que se encontraron las cuevas de Qumram, y al final de ese túnel-gruta se encuentra una sala redonda donde podemos ver los famosos manuscritos del mar Muerto, lamentablemente no se puede hacer fotografías dentro del museo. De aquí nos vamos a visitar el barrio de Ain Karen y la iglesia de la Natividad de San Juan Bautista, en le barrio vemos unas frutas gigantes, unos limones con el tamaño de melones, y de nuevo helados que disfrutar bajo el sol de Jerusalén. La iglesia de san Juan Bautista tiene también una gruta, algo que está siendo habitual, y mosaicos antiguos en el suelo. Desde aquí se puede ver bastante cerca la iglesia rusa de María Magdalena, con sus cúpulas doradas resaltando sobre el verde del monte. Y finalmente visitamos y comimos en el museo-memorial del Holocausto judío. Lo cierto es que tanto tiempo en el museo me pareció excesivo, pero es lo que hay si se va en circuito. Tras este viaje puedo recomendar el circuito para ver el resto de Israel, pero para ver Jerusalén mejor ir por libre. Mi amiga y yo pasamos bastante del museo pero disfrute de un helado en la terraza del museo donde está el restaurante, tomando todo el sol de febrero que podía, porque daban lluvias pronto. Tras terminar de comer nos acercamos la ciudad vieja de Jerusalén, nos paramos en las murallas junto a la puerta de la basura como la llama el guía, pero es la única puerta que he visto que no conserva el nombre, cada uno la nombra como quiere (porque en varias guías y blog de viajes la llaman de diferentes maneras). Aquí observo otras de esas cosas curiosas que uno lee y que no imagina ver (como lo de la manifestación de los judíos ortodoxos) estaba vez el control que tienen sobre todo el mundo. Cuando estamos en las murallas me fijo que me estropea la foto un chico sentado en las rocas a los pies de las murallas, y el dichoso chico no se mueve, al final el grupo se aleja hacia la puerta de la muralla y cuando voy a seguirlos veo como se acercan tres soldado al chico, lo hacen levantarse y mientras unos le preguntan algo, otro se dedica a mirar en los huecos de la roca, y me doy cuenta de que efectivamente era muy sospechoso que estuviera tanto tiempo quieto en el mismo sitio, y que este no es un lugar donde hacer cosas sospechosas. Tras cruzar la puerta tenemos una vista perfecta de la explanada de las mezquitas, donde podemos ver perfectamente el arco de Richarson (el nombre es dado por la persona que lo descubrió). Aquí el guía nos explica muchas cosas sobre la cultura judía y sobre Israel mientras podemos ver a muchos judíos ortodoxos camino al muro de las lamentaciones, algunos de los hombres llevan unos sombreros de pieles muy curiosos y es que son los sombreros para los momentos especiales y ya se acerca el sabath. En el vuelo de regreso uno de los pasajeros llevaba una sombrerera con el nombrado sombrero de gala y mi amiga me dijo que le recordaba a mi cuando viajo de recreación histórica. Tras disfrutar de las vistas y las explicaciones a la sombra de un olivo, nos dirigimos hacia la entrada al muro de las lamentaciones (aquí allí lo llaman el muro de los lamentos), las mujeres por un lado y los hombres por otro. Al pasar el control de seguridad el grupo se retrasa porque alguien del grupo lleva una navaja para pelar la fruta, muy típico nuestro pero para entrar en estos sitios es “sospechoso” y ya he comentado que ser sospechoso en este lugar significa perder tiempo siendo interrogado. El muro de las lamentaciones en realidad es una parte de la muralla de la ciudad antigua de Jerusalén que es la que más cerca estaba al templo sagrado, y por tanto sagrada para los judíos. Aquí hay un punto curioso, la explanada de las mezquitas es propiedad musulmana, y ahí no pueden entrar judíos, y el muro de las lamentaciones es propiedad judía. Afortunadamente nosotras podríamos entrar a ambos lugares para verlo, eso sí, dentro de la cúpula dorada solo pueden entrar los musulmanes, pero bueno, la cuestión es que dentro de la misma ciudad hay cientos de rincones que están en conflicto con diversas religiones, y nadie se queda atrás, porque si bien ahora hablo de judíos y musulmanes, en el santo sepulcro hay una pelea por las llaves del lugar por cristianos ortodoxos, católicos y armenios. Vamos, que Jerusalén es un polvorín y es increíble que se conserven tanto rincones antiguos con todo lo que ha pasado y podría pasar. Pero volviendo al muro, nos encontramos con varias personas en dos secciones divididas, la de las mujeres, donde entramos nosotras para tocar el muro y meter el papelito con las peticiones, y la de los hombres zona que podemos ver perfectamente desde nuestro lado. En nuestro lado hay sillas y mesas con libros, en el lado de los hombres también hay mesas con unos curiosos manteles, los hombres tienen que taparse la cabeza, porque es la parte más cercana a Dios. Mientras esperamos vemos como se balancean y oran, aunque nada fue tan impactante como vivir el sabath en Jerusalén. Por cierto, el motivo de visitar el muro el viernes es porque el sábado está prohibido hacer fotografías porque es un día sagrado, y el domingo nos marchamos de regreso a España así que, no quedan más días para poder hacerlo. Tras salir de visitar el muro regresamos camino a la puerta de la basura, no sin antes parar en la entrada a la explanada de las mezquitas, este es uno de los lugares que no visitaremos, y que se recomienda visitar, pero en este día no tenemos tiempo y el día de regreso tal vez podríamos haber ido, pero no estábamos muy seguras de los horarios, y ya nos tenía bastante preocupadas la salida del país (siendo lo difícil y sospechosas que nos vieron para salir de Madrid- que ni siquiera digo para entrar al país-), y hablando de verlo todo, el otro de los lugares que dejamos sin ver fue el mercado de Mahane Yehuda, en serio, no soy persona de mercados ni tiendas, y si no fuera por los regalos a la familia no pisaría ni una tienda ni mercado en mi vida, por lo que por mucho que nos lo recomendaron varias veces ni mi amiga ni yo teníamos ninguna inclinación por ir, todo es cuestión de gustos, conozco a gente a la que le recomiendo ver La Seo cuando vienen a Zaragoza y prefieren ir a verse el Ikea, todo es cuestión de gustos. Del muro nos fuimos al Monte Sion donde se encuentra la tumba del Rey David, la puerta de Sion es la entrada a la ciudad antigua desde el monte y me parece preciosa a esta hora de la tarde en la que el cielo está de un profundo azul y el sol se refleja en las piedras de la pierda convirtiéndola en tonos dorados. Con respecto al color de la piedra es muy curioso que durante todo nuestro recorrido por Jerusalén todas las casas que vimos estaban construidas con el mismo tipo de revestimientos blanquecino, ese tipo de piedra en el exterior se utiliza para que la ciudad tenga un color uniforme y resulta obligatorio. Eso no quita que haya rincones modernos, como el museo de Israel o el puente que construyó Calatrava en la ciudad, pero sin duda es un acierto que sigan esa norma porque así el tono de la ciudad de Jerusalén es siempre el mismo. Nos acercamos al Cenáculo que se llama así porque es el lugar donde indican que se realizó la Última Cena. Lo más curioso es la sala superior que tiene una mezcla de estilos; árabes, templarios, etc. Y el toque más curioso el capitel de una de las columnas que es como los templarios representaban la última cena (y que son unas aves, algo que no se nos hubiera llegado a ocurrir). Del cenáculo fuimos a la abadía de la dormición que es de forma redondeada y cuyo exterior está muy bien conservado, por dentro está decorada con mosaicos y en el suelo un calendario del zodiaco, que me recordó al suelo de una iglesia en la isla de Sicilia. Bajando unas escaleras se encuentra una figura de la virgen María dormida con una cúpula decorada con mosaicos dorados, la zona está principalmente iluminada por las velas lo que hace de los rincones más curiosos. Tras salir del monte Sión regresamos al hotel para cambiarnos de ropa, cenar y salir por la noche por Jerusalén. La cuestión es que el viernes cuando se pone el sol comienza el sabath judío por lo que desde las siete de la tarde hasta el día siguiente al anochecer vimos una ciudad completamente diferente. Por lo pronto en el hotel de los tres ascensores había uno dedicado al sabath y que paraba en todas las plantas para que los judíos no tuvieran que pulsar el botón del piso al que querían ir. Cuando bajamos a cenar nos encontramos que en la zona del comedor había un montón de velas encendidas sobre la mesa, y más velas para coger y encenderlas y ponerlas sobre la mesa si querías. Al parecer es una tradición en el sabath y habilitan esa zona del hotel, porque tal y como ponen en los carteles de las habitaciones, encender velas en la habitación está prohibido. Pero la mayor sorpresa nos la llevamos al entrar al comedor para cenar, que estaba lleno de gente vestida con sus mejores trajes, otros cantando en un rincón (cantando u orando, no sé, pero cuando paraba uno empezaba el otro) y mi amiga se preguntó si nos habíamos colado en una boda o algo así. Más tarde al comentarlo en el grupo el guía nos explicó que para el sabath los judíos se ponían sus mejores ropas y lo celebraban como un día de fiesta. Además dio la casualidad que alguien perdió un anillo y nos vinieron a nosotras y a los mejicanos en dos ocasiones, primero una mujer y luego un hombre, para preguntar si lo habíamos perdido. Y así fueron preguntando varias veces mesa por mesa, por un pequeño anillo, no se puede negar que son honrados. Cuando salimos tras la cena nos encontramos con una ciudad fantasma, ni un solo vehículo circulando, apenas dos personas en la calle, todo tan desierto que parecía que éramos los únicos supervivientes de una apocalipsis. El guía nos explicó que durante el sabath está prohibido circular, abrir tiendas o restaurante que vendan comida koser (bajo una elevada multa por ello) y que tampoco hay transporte público. Y al día siguiente efectivamente vimos que no circulaba el tranvía hasta que se puso el sol. Nos acercamos al parlamento, que excepto por los guardias estaba vacío, al lado hay un candelabro judío gigante, no puedo decir si es una ménora o el otro nombre, resulta que hay dos tipos de candelabros judíos; el de siete brazos y el de diez. Según cuantos brazos tenga se llama de una manera o de otra, pero yo solo recuerdo el nombre de ménora. Pasamos por uno de los barrios más caros con viviendas antiguas, pero estaba todo muy poco iluminado. Pasamos junto a la muralla y pudimos ver iluminada la puerta de Damasco, hecha por Suleiman el magnífico, y recorrimos la carretera que baja frente a la basílica de la agonía, con su portada de mosaicos dorados de estilo ortodoxo. Y subimos por el monte de los olivos que tiene un mirador completo de la ciudad de Jerusalén iluminada. De aquí regresamos la zona cercana a nuestro hotel, donde está el molino de Montefiore iluminado, este molino se conserva como recuerdo de la época en que se reconstruyó la ciudad y se reactivó la economía del lugar. Aquí se muestra una réplica de la carroza de Montefiore que fue el que puso el primer molino para impulsar la economía, la pena es que es una réplica porque un loco quemó el original que se mostraba en el mismo lugar. Desde la zona del molino hay una vista cercana de las murallas de la antigua ciudad y, ahí, frente a las murallas de Jerusalén hablamos en hebreo y celebramos y bebimos por haber podido ver la antigua ciudad de Jerusalén con nuestros ojos. Siempre tuve en mi lista de lugares a visitar esta ciudad, que ciertamente no me ha defraudado. Al día siguiente salimos pronto hacia el Santo Sepulcro. Lo usual es hacer la vía dolorosa por el principio y llegar al final al santo Sepulcro pero nosotros íbamos a hacerlo al revés por consejo del guía por dos motivos: uno es la cuesta que hay que subir para entrar por la puerta de los leones a la ciudad antigua, y el otro que a primera hora hay poca fila para entrar al santo sepulcro pero cuanto más avanza el día más fila hay, y visto toda la gente que había en todos los sitios nos pareció una gran idea. Si hay tanta gente en estas fechas no quiero ni imaginar lo que será estar aquí en plena semana santa; todo un suplicio. Como decía nos acercamos la puerta de Jaffa (la más cercana andando a nuestro hotel), al lado de esta puerta se encuentra la ciudadela y la torre de David, pero dejándolo a un lado nos metimos por las callejuelas de la ciudad antigua, llenas de comercios y por cuyas piedras pasear podría llegar a sentirse un viaje al paso si quitamos los vendedores modernos y las cámaras de vigilancia que hay en cada esquina. Entramos a la iglesia del Santo Sepulcro y vamos directos a hacer fila para entrar. El santo sepulcro, la XIV estación, está en una enorme rotonda, esta parte estaba en obras, pero según el guía se espera que para mejor porque el santo sepulcro llevaba mucho tiempo sin tocarse. Afortunadamente la fila no es muy larga, pero cuando salimos el número de gente se multiplica. Dentro del santo sepulcro no dejan hacer fotografías y cuentan el tiempo que estás, con un monje copto con mala leche que nos trata como a ganado. Lo del tiempo lo comprendo, dada la fila que se organiza si la gente estuviera mucho tiempo conseguir entrar sería misión imposible. El lugar es muy pequeñito, primero se accede a una capilla, la de los coptos, que tiene una piedra en el centro, y luego cruzando una puerta más pequeñita llegas al sepulcro que es una lápida de mármol con sencillos ornamentos y velas. Una vez salimos del sepulcro podemos tomarnos el tiempo para ver la iglesia, que es un cumulo de arquitecturas e historia, una parte pertenece a los católicos, otra a los griegos-rusos ortodoxos, otra a los armenios, y otra a los etíopes, y cada uno con su cultura y detalles arquitectónicos. La zona común del deambulatorio rodea el Coro de los Griegos, y nos va llevando a través del Arco de la Virgen, la Capilla de la Magdalena, y la parte de mayor posesión del Patriarcado Latino en la Basílica, aquí vemos lo que se supone es el trozo de la columna al que fue atado Jesús. En la iglesia del Santo Sepulcro comenzamos el recorrido al contrario de los pasos del vía crucis, o vía dolorosa como se llama aquí en Jerusalén. Vamos por el deambulatorio hasta ver una piedra que es la piedra original del monte Gólgota de cuando la época de Cristo. De aquí entramos en una capilla. Salimos de la capilla, que ya no recuerdo que era lo que había aquí, la iglesia está tan llena de rincones con historia, y nos encontramos con un hermoso mosaicos pero lo dejamos atrás y subimos por una especie de escaleras justo a la izquierda. Entramos en otra de las estancias importantes que representa las X y XI Estaciones, cuando Jesús es despojado de las vestiduras y es clavado en la cruz. Hacemos otra fila, es algo inevitable a menos que vengas a las cinco d ela mañana, pero no madrugamos tanto. Estamos en el Gólgota o antigua Colina del Calvario, donde ángeles y modestos ornamentos cubren diversos altares que representan y conmemoran estos momentos, todo iluminado apenas por la luz de una velas, y en la zona central (el motivo por el cual hacemos fila) se encuentra la piedra marcada con un disco de plata cuyo agujero ubicó la cruz de Jesús y donde murió. El lugar tiene unas preciosas pinturas en la pared que me recuerdan a los cuadros antiguos sobre Belén. Bajamos otras escaleras que nos llevan de nuevo junto al mosaico que está frente a la puerta. Frente a la puerta nos encontramos con la XIII Estación, o Piedra de la Unción, piedra donde fue ungido antes de ser sepultado y el aljibe donde fue encontrada su cruz siglos más tarde. Frente a esta piedra, como decía, hay un gran mosaico con representación de la vida de Cristo. Esta roca que la gente toca o besa, es una losa pulida de color rosáceo ornamentada con lámparas. Finalmente salimos de la iglesia y regresamos a entrar por una puerta lateral que nos da acceso a la zona Armenia y etíope, completamente diferente. Pasamos por el Monasterio Etíope, justo en frente de esta estación, y decisión que tomamos nosotros entrando por una puerta gris que nos lleva a los tejados. El Monasterio Etíope se encuentra ubicado en la esquina dela iglesia y sirve de hogar para un grupo de monjes que viven entre las ruinas de un claustro medieval de las Cruzadas. Ahí hay unas pancartas recordando los asesinatos cometidos por Daesh. En este punto del camino abandonamos el barrio cristiano para entrar en el barrio musulmán. Estamos entrando en los límites de la ciudad hace 2000 años. Nos metemos en el barullo de calles y tiendas (un autentico laberinto) mientras vamos de estación en estación (marcadas con su correspondiente número en las paredes). Desde aquí la calle cambia de tipología, y ascendemos por una calle de escaleras mucho más estrecha y menos calurosa para las horas que son. Tampoco hay tanta gente aunque es lo más parecido a un zoco que hemos visto por las calles de Jerusalén. Llegamos a la estación en la que Simón ayuda a Jesús. En la pared se ve una marca indescriptible que muchos peregrinos creen que es donde apoyó la mano Jesús al caer, por lo que hay fila para tocarla. Seguimos andando y llegamos a la Iglesia de Nuestra Señora del Espasmo, ubicación de las IV Estación del Vía Crucis. Continuamos siguiendo el cartel que pone en español “Vía Dolorosa” hasta llegar a un arco, a la derecha se encuentra una puerta cerrada, es actualmente un colegio musulmán pero antiguamente fue el lugar exacto donde se produjo el juicio de Poncio Pilatos a Jesús, inicialmente interrogado y posteriormente condenado por el pueblo, la primera estación. Y a la izquierda tenemos una antigua construcción romana señalada con el símbolo correspondiente (una especie de platillos con números romanos identifican las ubicaciones de cada una de ellas). En este recinto podemos ver dos iglesias que conmemoran los hechos antes comentados. La primera de ellas, la Iglesia de la Flagelación, es un edificio erigido por los Cruzados que tiene unos bonitos suelos y vidrieras, y luego está la la Iglesia de la Condenación, en el interior de esta iglesia se pueden encontrar dos rincones arqueológicos que demuestran que son de la época en la que vivió Jesús. Uno es la piedra del arco que unía la primera y segunda estación y que se encuentra en un lateral, por lo que puede pasar desapercibido. Y el otro se encuentra en el suelo donde se encuentran símbolos de los juegos que en aquella época obligaban a jugar a los prisioneros. Se llamaban el juego del rey, quien gana se convertía en rey y es al que hacían las peores cosas, algunos dicen que es donde se jugaron las ropas de Jesús pero eso no está demostrado, lo otro sí. Estos rincones con lugares antiguos son los que más te trasportan a otra época, tantos años atrás. Así vamos bajando (hacemos el vía crucis al revés por lo que no toca hacer subidas de pendientes sino bajada) y finamente llegamos a la puerta de los leones, la salida de la ciudad que nos lleva con una amplia cuesta de bajada hasta el monte de los olivos. De aquí vamos directo a visitar la iglesia de la Agonía, hecha con todo mosaicos en el techo, pero lo más llamativo está al fondo del altar, donde podemos encontrar la roca donde se supone que Jesús rezo, área rebosante de misticismo con esa oscuridad del interior, y la gente arrodillada rezando mientras toca la piedra. Frente a la iglesia tenemos una vista perfecta de la muralla y la puerta dorada de la ciudad que permanece cerrada porque se dice es la que se abrirá cuando regrese el Salvador. Tras la visita a la iglesia nos centramos en el huerto de Getsemaní, aquí hay un olivo completamente vallado que según el guía se hizo un estudio de su corteza ara delimitar su edad y resulta que es de la época de Cristo, por eso está tan protegido. Lo cierto es que no se pueden coger ramos de olivo pero resulta que acaban de podarlos y cuando nos dirigimos a la salida del jardín nos encontramos con cientos de ramas de olivos, y por supuesto que mejor recuerdo que una rama de los olivos del jardín de Getsemaní, pero es tal nuestro entusiasmo que el guía nos dice que nos podemos llevar algunas pero que no nos llevemos kilos de ellas que no pasaremos el límite del equipaje. Yo solo he arrancado dos pequeños trocitos porque excepto para mí y para mi abuela nadie le va a prestar atención pero cuando me doy la vuelta veo que mi amiga que no tenía ningún interés de repente lleva un puñado, solo hay que decir que es gratis y que puedes coger todo lo que quieras para que la gente se vuelva loca. Finalmente nos dirigimos a lo que sin duda es el mejor mirador de Jerusalén, a los pies del mirador se encuentra un enorme cementerio judío, y parte del Monte de los Olivos, y en frente tenemos una visión de las murallas de la ciudad, de la torre de David, de la explanada de las mezquitas con la cúpula dorada, la puerta de la misericordia, el cementerio musulmán, a un lado abajo la iglesia rusa de Santa María, el muro de las lamentaciones, en fin, desde aquí se puede ver toda la ciudad antigua como una postal que resiste el paso del tiempo. Aquí terminó nuestro día porque nos vamos a visitar Belén. regresaremos por la noche para salir por nuestra cuesta para disfrutar de las murallas de la antigua ciudad iluminadas. Al día siguiente nos toca regresar a casa pero antes madrugamos y salimos del hotel, vamos sin planos ni guías pero nuestro hotel está casi al lado del famoso hotel Rey David y por tanto cerca de las murallas de la ciudad vieja. Empezamos el recorrido en la puerta de Jaffa y vamos recorriendo la muralla pasando por la puerta nueva, la puerta judía (no aparece en los mapas que miré) y la puerta de damasco. Aquí en el puerta de Damasco nos entretuvimos indecisas de si meternos en las estrechas callejuelas o no, pero sin un plano en condiciones nos parecía un poco arriesgado siendo que a cierta hora teníamos que estar de vuelta en el hotel para ir al aeropuerto. Así que finalmente volvimos a cruzar la puerta (no sé si a los soldados que custodiaban esa puerta les pareció sospechoso nuestro entrar y salir) y continuamos la muralla pasando la puerta de Herodes y finalmente llegamos al cementerio musulmán, como la cuestión era que no íbamos a atravesar el cementerio musulmán, el bajar el monte para luego subir hasta la puerta de los leones no me atraía así que dimos vuelta atrás. Fue una suerte madrugar porque a medida que avanzó el día comenzó a nublarse y más afortunado decidir pasar del recorrido por el cementerio porque antes de llegar a la puerta de Jaffa empezó a llover, y aunque llevábamos paraguas llovía fuerte y con viento, así que como el resto de turistas nos refugiamos dentro de la puerta hasta que nos cansamos de esperar que amainara y, por qué no decirlo, también nos cansamos de pasar frío, y nos dirigimos de vuelta al hotel para entrar en calor y ahí esperar a que nos recogieran para ir al aeropuerto de Tel Aviv y salir del país. En el hotel vi folletos sobre recorrido por el subsuelo de Jerusalén, pero no teníamos tiempo para hacerlos. Tuve la impresión que para poder ver y disfrutar de toda la ciudad necesitábamos una semana y no solo un día y medio (también hay que tener en cuenta que había mucha gente, y que no esperaba que hubiera tantas filas y gente en todos los lugares). Y así dije adiós a Jerusalén, sé que me quedaron cosas por ver de la ciudad pero disfruté de cada rincón que visité.

Visita: Febrero 2017

Mis imágenes: Israel

Información para viajar: Pendiente

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