Recreacion Napoleonica L'Arboç - España

Recreacion Napoleonica L'Arboç

Llegó el domingo y tocaba madrugar (ya echáis de menos que lo dijera) pues sí, vamos de recreación napoleónica y por tanto toca madrugar, aunque seguramente volvamos antes de que acabe la recreación. Esta vez vamos a L’Arboç, un pueblo de Tarragona en el que nunca he estado. para llegar cogeremos el tren regional, que es como más cómodo se viaja si se va con ropa y complementos de época (para ser una moda ligera en cuanto a ropa llevaban muchas cosas encima). El trayecto fue tranquilo y parecía que el día no acompañaría pero al final no llovió y hasta hubo bastante sol, lo suficiente para celebrar cada soplo de aire que nos llegaba. De la estación al centro del pueblo no había mucho trayecto, pero llegamos muy pronto y al final no hubo desfile (casi mejor) pero el motivo de madrugar era el desfile. Como no hubo desfile tomamos algo en una pastelería y luego dimos un paseo por la calle mayor del pueblo. Por lo que vi el pueblo no es muy grande pero tiene unos edificios muy bonitos. En la calle mayor, en frente del ayuntamiento estaba colocada una tienda de ropa y complementos francesa, un grupo de recreadores de Perpiñán se habían desplazado hasta L’Arboç y tenían telas, bordados y medallas entre otras cosas. Más o menos cerca estaba el campamento, al ser un población pequeñita el campamento estaba en la calle central, un par de tiendas para cada regimientos, pero como siempre con los detalles de los cuadros y los soldados: el regimiento de Cameron Highland, es decir, escoceses que dan mucho color al evento, las milicias de Tarragona y el regimiento de línea francés. Unos durmiendo, otros limpiando sus armas, otros desfilando calle arriba y abajo tras las órdenes del capitán. Nosotros estuvimos por ahí, como cualquier otro civil de la época, paseando, aunque nos escapamos cuando empezaron a llegar los trabuqueros, los disparos del trabuco son mucho más fuertes que las armas de los regimientos, por lo que cuando más lejos menos peligro corrían nuestros tímpanos. El problema es que era como si nos siguieran porque nosotros nos alejábamos y ellos seguían avanzando. Finalmente llegamos a una plaza con una iglesia y ahí nos quedamos porque el rincón era muy cómodo, con asientos, con callejones a la sombra y además, juegos antiguos que nos entretuvieron bastante tiempo. A parte de pasear y tomar algo ¿qué pueden hacer los civiles en la época? Pues divertirse con unos juegos simples. Con el que más nos reímos y es que tiene un punto bastante complicado; es el juego del garrote. Había que coger un garrote y lanzarlo con el pie y hacer que quedara colgando de un palo. Caballeros y damas probaron el juego, dicen que un caballero tras mucho intentar lo consiguió (yo no lo vi), también estaban las anillas, aquí yo jugué y la primera fallé pero tras descargare de peso (sombrilla, bolso, etc) conseguí enganchar las otras dos anillas. Luego seguimos paseando y visitamos la exposición de gigantes y cabezudos, y comienzan los bailes tradicionales. Las mujeres que bailan son muy majas que se molestan en quitarse las gafas modernas cada vez que les piden una fotografía, es lo menos que hay que hacer pero muchos recreadores militares no solo no llevan gafas de época sino que además ni las ocultan, por lo que me fijé en ese detalle. Y tras los bailes más juegos y paseos hasta que empezaron los tiros, según ibas caminando por las callejuelas te podías encontrar con soldados francesas disparando en las esquinas. Y finalmente los franceses entran en la plaza y arrastran a mujeres y niños contra la pared. En nada responderán las milicias pero yo me escapo antes de que siga la lucha y me refugió en una esquina con el resto de las damas, al fin y al cabo ya he visto varias batallas. Y una vez finalizada la batalla el resto del grupo, los caballeros al frente vienen a recogernos para ir a ver la ofrenda de flores en homenaje por los caídos en la batalla de hace 210 años y tras un discurso y la ofrenda marchamos paseando a comer por otra de las calles con un bonito edificio. La comida muy buena, de todas las que me han dado invitada como recreadora la mejor, y situados bajo la sombra de las moreras no se estaba mal, aunque todos los trajes peligraban con las moras que caían con el viento. Tras la comida nos marchamos a coger el tren, dado que al ser domingo la frecuencia del tren es menor y hasta Barcelona había más de una hora de trayecto. Un entretenido domingo en buena compañía y de viaje en el tiempo. Y el pueblo tiene rincones interesantes, pero más modernistas, tal vez para otra visita.

Visita: Junio 2018

Mis imágenes: Álbum de Recreaciones 1800-1815

Información para viajar: Pendiente

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