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sábado, agosto 11, 2012

Narsarsuaq - Groenlandia

Narsarsuaq
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El día de regreso a Narsarsuaq fue por la tarde (Ricardo nos dio dos horas diferentes para elegir cuando nos iba a recoger el barco, y como nos gustaba más Igaliku que Narsarsuaq decidimos coger el barco de por la tarde). Cuando llegamos salimos del puerto en dirección al hotel en furgoneta, nos registramos y dejamos el equipaje en la habitación. Mientras cada uno hacía algo (ducharse, reorganizar equipaje, etc) yo me eché una siestecilla, dado que no había mucho que hacer. Luego nos acercamos a la enfermería por la infección de los picotazos de moquito que había tenido a lo largo del viaje, esto fue al final del viaje pero es que hasta no llegar a Narsarsuaq no había médico que me pudiera dar antibiótico. No se paga nada por la medicación pero esta te la tiene que dar un médico. La primera vez que nos acercamos no había nadie, el médico debía estar en alguna urgencia. El horario de atención normal era de 9 a 11 de la mañana así que nos fuimos pero al regresar ya estaba la ambulancia y la puerta abierta así que preguntamos a la médica. Me revisó los picotazos, se tomo nota y luego me dio la medicación. Me comentó que en Dinamarca no lo había visto pero que ahí, en Groenlandia, sí que había visto algunas veces esa reacción de infección a los picotazos de mosquito pero que no sabía a qué se debía. Al salir de la consulta un compañero del grupo comentó que la médico era como el de la serie “Doctor en Alaska”. Nos regresamos al hotel y estuvimos haciendo tiempo en los sofás de la recepción esperando la hora de la cena, otros pagarón para entrar por horas a internet, yo todavía disfrutaba de la desconexión del mundo que habíamos vivido (sin móvil, sin televisión, sin radio, sin internet). La cena que tomamos en el hotel era un bufé de comida típica, y a eso de las siete de la tarde (horario danés) subimos a cenar. Probé la piel de ballena, la foca, el fletan, la ballena.... Lo único que no había probado y que me gustó fue la ballena, que sabe a carne, me dijo Miguel, el guía, que era normal porque es un mamífero y no un pez. La foca en cambio solo sabe a grasa (aggg). Una vez terminada la cena fuimos al bar del hotel, el único abierto un miércoles, y aún había gentecilla. Una mujer inuit estaba algo borracha y no hacía más que hablar con nosotros y decir que era esquimal. Ricardo, el guía, nos explicó que los inuits tienen la encina que procesa el alcohol defectuosa y no pueden procesar las bebidas alcohólicas como nosotros. A decir verdad te ponen unas pequeñas cantidades de alcohol en las bebidas. Los esquimales o inuits son muy parecidos a los asiáticos, sobre todo tenían rasgos muy coreanos, tanto ellas como ellos. Y como buenos españoles a eso de la una de la mañana nos fuimos a dormir. Al día siguiente ya nos marchábamos así que nos dio para poco, solo para acercarnos a la estación de policía, una pequeña casita verde enfrente del aeropuerto, para que nos pusieran en el pasaporte el sello de Groenlandia. No hay problema en ponerte el sello, incluso puedes elegir la página donde ponerlo, el mayor problema es encontrar a la policía en su casita y que esta no esté cerrada. Luego visitamos el museo, que tiene unas cuantas fotografías de los restos vikingos descubiertos en la isla, la historia de Colón con un dibujo de la Pinta, la Niña y la Santa María y un chiste por el cual un vikingo pregunta a los indios americanos si puede ver a Colon y estos le contestan que Colón todavía no los ha descubierto. Para los groenlandeses América fue descubierta por los vikingos. El resto del museo son objetos de cuando la Guerra Mundial en la que Narsarsuaq era una base norteamericana, con fotos de Marlen Diedrich, el avión que se estrelló contra un glaciar, y demás objetos militares y de hospital de esa época. Después pudimos comprobar que la camarera que estaba en el bufé del hotel la noche anterior estaba en el control de seguridad del aeropuerto. Ahí son más bien pluriempleados. Mis compañeros de viaje se compraron unas gorras de la compañía Air Greenland y poco más. Embarcamos en el avión y disfrutamos del despegue. Tan espectacular las vistas como en el aterrizaje. Así dijimos adiós a Narsarsuaq y a Groenlandia.
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Visita: Julio 2012
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Mis imagenes: dia 1, dia 2 y 3
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Información para viajar: El Sur de Groenlancia
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

viernes, agosto 10, 2012

Barco por el fiordo de Erik El Rojo - Groenlandia

Fiordo de Erik El Rojo (en barco)
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De Igaliku tomamos el camino de los reyes al puerto de Itilleq, caminamos por la playa de piedras rojas donde había algún que otro icebergs varado, y llegamos al puerto justo a vez que el barco lo que nos permitió ver desde la orilla de la playa la postal que creaba el barco rojo navegando por el agua azul entre las montañas y el hielo azul. En el barco también iban unos alemanes, la primera vez que nos encontrábamos con unos turistas como nosotros. Hacía bastante frio por lo que la mayoría de la gente se quedo dentro de la cabina y los pocos que queríamos hacer fotos salimos fuera de la cabina a pasar frio, siempre teniendo cuidado de no cruzarse por delante de la vista del capitán del barco. Debido al intenso viento del día anterior el mar estaba cubierto de hielo. El viento había arrancado una infinidad de hielos del Qooroq (glaciar) y los guías nos avisaron de que tal vez el capitán del barco no pudiera acercarse tanto a los icebergs como normalmente lo hacía dado que era bastante complicado y peligroso. Primero el barco fue deprisa hasta que se terminaron las aguas tranquilas y comenzó el mar de hielo que se había formado el día anterior. Entonces el barco empezó a ir más despacio, todo alrededor era un mar de trocitos de hielo e icebergs, pero aparte de ver todo cubierto de hielo y estar navegando a través de él, lo más curioso era escuchar el ruido que hacia el barco al chocar contra los hielos abriéndose paso a través del agua. Sonaba como cuando se rompía el hielo del glaciar pero un sonido más lento, no el trueno que oímos en el glaciar Eqaluritsist, sino como un crac-crac a cada paso del barco. Mientras navegábamos lentos por el hielo pudimos ver icebergs de mayor tamaño mucho más de cerca que las otras veces que fuimos en barco. Entré a por un bocadillo, dado que ya era la hora de la comida, y salí a seguir viendo el paisaje pero entonces terminamos de cruzar la parte más llena de hielo y el barco empezó a coger velocidad y todos nos tuvimos que agarrar para no perder el equilibrio. Hubo un momento que; entre agarrarme a algún sitio con una mana con a otra hacer fotografías mientras tenia el bocadillo todavía en una mano, se hizo un poco complicado estar en la cubierta, ¡solo tengo dos manos!. Intenté comer lo más rápido posible para así poder hacer las fotos dado que cada vez se veían icebergs de mayor tamaño, con formar poco pulidas debido a que se crearon el día de la tormenta y el agua y el viento todavía no había creado formas caprichosas en su aspecto. El viaje está pensado para ver los icebergs con el agua cristalina alrededor, el agua funcionaba como un espejo y engañaba a la vista con las formas de los icebergs, pero excepto un par, debido a la tormenta del día anterior, nos encontrábamos que casi todos los icebergs estaban rodeados de trozos de hielo. El siguiente paso era pasar lo más cerca posible de los icebergs que estaban junto al glaciar Qooroq, pero el hielo nos lo impedía y tuvimos que verlos de lejos: muro de icebergs formados frente al glaciar, como un escudo protector. y después el barco tomó más velocidad y nos acercó a la costa de Narsarsuaq.
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Visita: Julio 2012
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Información para viajar: El Sur de Groenlancia
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

jueves, agosto 09, 2012

Igaliku - Groenlandia

Igaliku
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El día de nuestra llegada no visitamos mucho de Igaliku dado que no habíamos parado en todo el día, yendo de un lado a otro, antes de ir al albergue paramos a tomar unos refrescos en el “hotel” (se llama así aunque no la única diferencia con el albergue es que las camas tiene edredones, pero además hay bungalós que no tienen baño y para ir al baño o para ducharse han de ir a la casa principal, por lo que yo no lo llamaría “hotel”). Al día siguiente visitamos la tienda de comestibles, algunos compraron música groenlandesa y jabón para lavar la ropa, mientras nos íbamos de treking Ricardo se quedó encargado de la ropa, que pusimos a lavar en la lavadora de la casa común y cuando regresamos ya estaba seca. Mucho mejor porque por la tarde el viento comenzó a subir de intensidad, tal y como marcaban las previsiones, la hierba que crecía alta se doblaba sobre el suelo y las sábanas blancas colgadas del tendedor del prado volaban cada vez más alto, hasta que al final alguien salió a recogerlas. Por la noche, mientras Miguel nos contaba la leyenda de día, el viento empezó a arreciar, se oía como golpeaba contra la casa y aullaba contra las ventanas. Aun así Miguel y Ricardo empezaron a planear otro treking para hacer al día siguiente (uno que no estaba en el itinerario, dado que ya lo habíamos hecho todo). El siguiente día en Igaliku amaneció con más viento que el anterior. Las olas se alzaban algunos metros sobre el mar debido a la fuerza del viento. El holandés errantes, alias “el colmenero”, tenía que partir ese día en barca a otra población pero debido al viento ninguna barca o lancha iba a salir ese día. Incluso el aeropuerto de Narsarsuaq estaba cerrado y ningún avión de Copenhague y Reijkiavik que tenía que llegar y salir de Groenlandia lo hizo. Así que en Narsarsuaq estaban peor, puesto que la gente que se iba ese día no podía salir y tenían que encontrar alojamiento una noche más. Al “colmenero” lo llamé “El holandés errante” porque hasta que el resto se levantó (como hacia tan mal día nadie madrugo) me entere que había visitado más de 120 países. Decía que trabajaba mucho y que luego iba a Japón en barco, pasaba tres semanas ahí y luego iba en barco a Corea, pasaba tres semanas ahí, y luego cogía un barco a China, en fin, que viajaba por todo el mundo. Al final, una vez levantado todo el grupo y debido a la intensidad del viento y a que la gente parecía querer un día relajado, no hicimos el nuevo treking pero a eso del mediodía, aunque todavía hacía fuerte viento salimos por el pueblo. Igaliku fue el primer arzobispado en Groenlandia Después de la introducción del cristianismo en la isla, hubo tantos seguidores que en el año 1124 se nombró obispo a un joven cura. El impresionante obispado se estableció en esta aldea, entonces llamada Gardar. El obispo pasó a ser el mayor propietario de tierras, y seguramente fue este Obispo Arnald el que se encargó de establecer 2 conventos en el Sur de Groenlandia, uno para curas y el otro para monjas. Era la mayor iglesia de la edad media que había en la isla, hoy sólo queda la parte superior de la Catedral de Gardar y los fundamentos de la granja. Todavía no han reconstruido totalmente los edificios, las ruinas de la catedral y la granja del obispo se han reformado en los últimos años y representan la época vikinga en Groenlandia. Las ruinas de Gardar están bastante desprotegidas, y con el fuerte viento no había nadie por el pueblo más que nosotros. Las puertas de la catedral y la granja de las ruinas son bastantes bajas, por lo que o los vikingos se agachaban mucho o eran bajitos. En la tumba donde encontraron al obispo de Gardar hay un lapida de mármol rosado con la figura del báculo de oro con el que encontraron al obispo. De las ruinas de Gardar nos acercamos a la iglesia del pueblo, los groenlandeses son luteranos, la iglesia estaba abierta pero vacía. Por dentro la iglesia está muy cuidada, las paredes pintadas de color azul, y en cada rincón de la pared un barquito, un retrato, la pizarra con los salmos del día, el piano, sus biblias. En el mismo lugar donde está la iglesia hay una sala museo con fotografías antiguas de Igaliku: de cuando desenterraron los restos vikingos del lugar, del equipo de fútbol, de la visita de alguien famoso…lo cierto es que una vez más se demuestra que en Groenlandia no hay robos, todo estaba abierto y sin un alma a la vista. De la iglesia nos acercamos a los túmulos de piedras donde había una serie de enterramientos, se podían ver en algunos casos los cráneos entre las rocas. No llegué a enterarme muy bien el por qué de esos enterramientos ahí y de esa forma. El aire seguía soplando fuerte y en Igaliku, pueblo de unos 40 habitantes, no había mucho más que hacer así que nos acercamos a la casa comunal. Como en todos los lugares de Groenlandia nos quitamos las botas en la entrad ay pudimos ver que tienen duchas, baños, lavadora, secadora, teléfono y una sala común con un montón de cosas, y una vez más, todo el mundo pueda entrar y nadie roba nada. Nosotros estuvimos ahí solos y a mí me sorprendió ve que estaban tan libres de delincuencia. Supongo que es algo del pueblo inuit, nos explicaron que los inuits consideraban al mejor cazador no el que más cazaba sino el que mejor repartía la caza entre todo el pueblo. Están acostumbrados a compartir. No había cobertura a todas horas, no había internet, no había medico, no había barcos, no había televisión no había radio… al final el aburrimiento hizo mella en nosotros y todos caímos en una siesta, los guías en el sofá, el resto en la cama. Yo resistí un rato hasta que me aburrí de verlos a todos dormir y ver por la ventana que no había nadie fuera (el agua seguí elevándose varios metros sobre el mar debido al viento – seguía soplando fuerte-), así que me fui yo también a la cama. Cuando desperté vi que hacia sol, lo que implicaba que la tormenta estaba mejorando, salí con rapidez y vi que ya no soplaba un aire tan intenso así que me escape para caminar por Igaliku y verlo a la luz brillantes del sol. Igaliku es una de las aldeas más bonitas que vi en Groenlandia, con coloridas casitas de rojos, verdes y azules diseminadas entre verdes praderas. Al otro lado de la aldea se yergue la montaña Illerfissalik y su cima nevada apuntando al cielo. El mar entre las altas montañas ya estaba tranquilo y el prado despedía un intenso olor a manzanilla (que no me gusta nada). Parada en un camino a mitad entre dos casas (las casas las pueden construir donde quieran y están bastante separadas entre sí) pude comprobar el famoso silencio de Groenlandia, excepto algo de viento que todavía soplaba no se oía nada, ni personas, ni motores, ni animales, ningún ruido, ni siquiera el agua, solo silencio y alguna vez algo de viento soplando. El que no haya árboles en toda Groenlandia ayuda a que no se escuchen ni se vean pájaros, y si bien un poco más arriba en la montaña se pueden encontrar ovejas, porque Igaliku es un pueblo ganadero, lo cierto es que los animales son pocos y muy silenciosos. Es como estar solo en el mundo, rodeado de colores.
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Visita: Julio 2012
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Información para viajar: El Sur de Groenlancia
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

miércoles, agosto 08, 2012

Mirador del fiordo de Erik El Rojo y el Qooroq - Groenlandia

Mirador del fiordo de Erik El Rojo y El Qooroq
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Al día siguiente de llegar a Igaliku comenzamos el último treking del viaje, aunque todavía nos quedaban un par de días en Groenlandia, pero los pronósticos del tiempo auguraban fuertes vientos, y como pudimos ver y oír por la tarde, los pronósticos eran acertados. Así que, como todos los días, nos levantamos pronto y salimos del albergue camino a la montaña. Fuimos caminando junto al río de agua cristalina, limpia de cualquier contaminación, y junto a playas de piedras llegamos a un lago alimentado de varias cascadas de agua que caen de lo alto de las montañas. El lago estaba tranquilo y suave, como una playa, pero mientras esperamos a que unas vacas (algo poco común en Groenlandia) bajaran de la montaña y se liberará el camino que debíamos tomar para ir al plató, se levantó el aire y formó olas en el lago como si fuera el mar. Nos llamó la atención con qué rapidez pasó de un agua tranquila a un mar de olas. Una vez bajaron todas las vacas comenzamos la subida hasta el plató donde está el mirador. El mirador no es un mirador, es un plató y disfrutamos de las vistas de los fiordos de Erik así como el fiordo Qooroq. El Glaciar Qooroq se podía ver a un lado, el color del agua dejaba ver hasta donde había llegado el glaciar y como había ido desapareciendo, formando ahora un cúmulo de colores en el agua (marrones, verdes, azules, blancos), y el hielo al fondo mostrando el inicio del glaciar. Al otro lado de la montaña encontrábamos el fiordo de Erik, las montañas al fondo grises, apenas visibles, que demostraban el mal tiempo que hacía en el otro lado del fiordo, (suerte que el día anterior habíamos cruzado la costa) y el agua de un claro color verdoso con pequeños icebergs flotando. Como el viento seguía soplando con fuerza nos resguardamos tras unas rocas, bajando del plató, y comimos con vistas al fiordo. Luego regresamos por el mismo camino, pero como era pronto y en el valle, resguardado por las montañas, no hacía tanto viento, aprovechamos para parar y pescar en las cristalinas aguas del rio. Miguel nos enseñó a poner los anzuelos y a lanzar la caña, y durante un rato nos entretuvimos pescando, algunos peces picaron pero se escaparon, y al final solo volvimos con una trucha de buen tamaño. Yo solo pesqué alguna que otra alga, pero fue divertido. Y de vez en cuanto, cuando enredábamos el hilo, íbamos como niños a una compañera (que sabía de pesca) a que nos desenredada la caña. Al final de la tarde marchamos hacia el albergue. Por la tarde el viento comenzó a subir de intensidad, tal y como marcaban las previsiones, la hierba que crecía alta se doblaba sobre el suelo y las sabanas blancas colgadas del tendedor del prado volaban cada vez más alto, hasta que al final alguien salió a recogerlas. Por la noche, mientras Miguel nos contaba la leyenda de día, el viento empezó a arreciar, se oía como golpeaba contra la casa y aullaba contra las ventanas. Aun así Miguel y Ricardo empezaron a planear otro treking para hacer al día siguiente y que no estaba en el itinerario, dado que ya lo habíamos hecho todo.
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Visita: Julio 2012
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lunes, agosto 06, 2012

Camino de los reyes (hacia Igaliku) - Groenlandia

Camino de los Reyes
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Igaliku tiene dos muelles, el de Itilleq en el fiordo de Erik y el de Igaliku en el fiordo de Einar. Hay una pista de 3 km, que enlaza un puerto con otro, llamada el Camino de los Reyes. Este es el camino que tomaríamos para llegar a Igaliku. Bajamos del barco y dejamos en los quads las mochilas para luego ir caminando por la Senda de los Reyes hasta Igaliku, no sé por qué este camino recibe ese nombre pero el inicio del mismo es espectacular. Atrás queda el muelle con sus colores azules, y el camino empieza con una suave cuesta de intenso color verde. La caminata es suave, y yo ya estaba recuperada del bajón que me dio subiendo el colladito ese del valle de las Mil Flores. La senda tiene un paisaje de colores que van variando entre el verde de la pradera y el rojo, el violeta, el azul y el amarillo de las flores. La luminosidad del color del paisaje contrasta con el fondo uniforme y azul del mar y el cielo. Cuando comenzamos el camino, y volviendo la vista atrás, se puede ver el agua, las montañas, y los icebergs de tono azulado, lo que hace que el verde intenso de la pradera sea más perceptible y genere un increible contraste de color. A medida que desaparece la vista de la costa comienzan a aparecer verdes prados y lagos de agua cristalina, y más montañas cubiertas de nieve. El resto sigue siendo un variado e intenso color de verdes, amarillos y rojos, con pinceladas de violetas y azules de algunas flores. Aquí tampoco hay mosquitos, es una zona ganadera y las ovejas evitan que los mosquitos aparezcan. Cuando uno casi llega al final del camino se encuentra con un banco de madera que en lo alto de la colina, que sirve de mirador de un paisaje espectacular. Abajo, a nuestros pies, se encuentra el pueblo de Igaliku; que consiste en unas pocas casas de colores rojos y verdes repartidas entre el frondoso prado de hierba. Cerca nuestro unas ovejas están tranquilamente pastando mientras balan de vez en cuando, y junto al pueblo se extiende el agua tranquila y cristalina del mar, a todo esto el pueblo está rodeado de unas impresionantes montañas que se alzan sobre nosotros. El paisaje me recordó a los pueblecitos que vi por Austria, con sus lagos y montañas de tranquilo e intenso color. Bajamos la ladera donde el camino de los Reyes termina y entra en Igaliku.
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Visita: Julio 2012
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Información para viajar: El Sur de Groenlancia
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

domingo, agosto 05, 2012

De Narsarsuaq a Itilleq (en barco) - Groenlandia

De Narsarsuaq a Itilleq en barco
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Cuando llegamos arriba del collado del valle de las Mil Flores nos recogieron en coche (debido a que me vieron subir el collado con la lengua afuera) y fuimos al puerto a coger deprisa un barco que nos acercará a Igaliku. Las previsiones daban viento y con viento no íbamos a poder coger ningún barco por lo que mejor quedarse anclado en Igaliku, que tiene más sitios que visitar, que en Narsarsuaq. Así que de nuevo tomamos las mochilas y nos bajaron en furgoneta al puerto. Igaliku tiene dos muelles, nosotros cogimos el barco para ir de Narsarsuaq al muelle de Itilleq atravesando el fiordo de Erik El Rojo. El viaje fue muy rápido pero aprovechando que no llovía (como nos pasó el primer día) todos nos quedamos fuera de la cabina para disfrutar de la vista de los icebergs flotando sobre el agua, con su color blanco como el merengue, sus formas suaves, y sus reflejos verdes en el mar. Estos icebergs se desprenden del glaciar Qooroq y presentan una postal de colores azules: las montañas, el mar, los icebergs y el cielo. Antes de que pudiéramos darnos cuenta, y con la vista todavía en los icebergs que flotaban sobre el tranquilo mar azulado, llegamos a nuestro destino.
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Visita: Julio 2012
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

sábado, agosto 04, 2012

Glaciar Kiagtuut - Groenlandia

Glaciar Kiagtuut
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Nos levantamos como todos los días, lo que no es precisamente tarde, y desayunamos, recogemos el campamento y lo dejamos todo preparado para la vuelta del treking. Durante la noche los mosquitos se han ensañado conmigo. A todos los han picado los mosquitos, incluso a través de la ropa, dado que son diferentes a los mosquitos de otro lugares (ni sprays, ni pulseras, ni nada funciona). Pero conmigo la han tomado en la frente, que la tengo llena de bultos, y que durante momentos del día llego a sentir como entumecida y no noto cuando intento fruncir la frente. Además, como hace sol, los mosquitos siguen igual de pesado que el día anterior, por lo que tenemos que seguir llevando las mosquiteras para no tragárnoslos. Y eso da más calor a mi frente, lo que no ayuda con mis picotazos. Dejando eso a un lado el día de hoy acabará siendo un día perfecto donde disfrutaremos de otro glaciar de una forma diferente. Comenzamos la subida para llegar hasta el glaciar, sabemos que antes que nosotros ha comenzado el camino un holandés que, por la forma en que llevaba la mosquitera ha acabado apodado “el colmenero”, que iba en dirección contraria al glaciar y que, mientras deshacíamos el campamento, nos ha preguntado cómo llegar al mismo. La subida es cercana a la caída de agua de la cascada, en algunos lugares hay cuerdas para agarrarse en la bajada, es un desnivel de unos 300 metros (según la guía) y aunque en el itinerario pone que es una subida pina que durará unos 45 minutos, la hacemos en 30 minutos, lo que dada mi lentitud es algo. Cabe decir que siempre soy la última del grupo, pero cuando más se notará mi estorbo será a la vuelta. Una vez arriba tenemos una espectacular vista del valle de las Mil flores. Seguimos el camino subiendo y bajando a través de una senda, junto a montículos, lagos cristalinos y flores blancas. Desde lo alto de uno de los montículos por fin se ve el glaciar, el Kiagtuut se extiende como una marea blanca y parece, desde lejos, una manta que cubriría un valle. Aquí nos encontramos al “colmenero” que vuelve, suponemos, del glaciar. Aun así el glaciar todavía está lejos y hay que seguir bajando y subiendo hasta que por fin lo tenemos delante de nosotros y vemos sus formas caprichosas, sus rugosidades recuerdan a las montañas de los mapas y cuando nos acercamos su tacto es también rugoso, para nada liso y pulido como el hielo de los icebergs. Nos vamos acercando siguiendo los pasos del guía, Miguel, que está buscando alguna cueva para que podamos disfrutar de ello. Cuanto más nos acercamos más pequeños nos convertimos al lado de la inmensa mole de hielo que es el glaciar. Miguel nos explica que donde estamos mirando tierra cubierta por el hielo antes era una bahía y que aquí se ve muy fácilmente como el hielo cada vez se deshace y se mueve más rápido. En Groenlandia cualquiera puede ver los efectos del cambio climático sobre el planeta. Miguel encuentra una preciosa gruta donde el hielo de dentro del glaciar deja el color blanco con tonos negros de tierra y se convierte en azul eléctrico con formas ondulantes, un lateral de la gruta del glaciar tiene unas graciosas formas dibujadas, de forma natural esa pared ha creado olas de blanco y azul. No me canso de ver la forma de las olas del mar, con sus ondulaciones y su espuma. En realidad solo es el color del hielo que ha ido tomando esa forma, pero resulta como un cuadro pintado por el hombre en vez de por la naturaleza. Aquí nos acercamos, tocamos el glaciar con nuestras manos. Nos liberamos de las mosquiteras, dado que con el frío aquí hay menos mosquitos (digo menos porque alguno vi volando por ahí, estos mosquitos son grandes y resistentes), y recorremos la gruta varias veces con nuestros ojos, deteniéndonos en cada detalle. No entramos porque es peligroso y puede derrumbarse sobre nosotros. Seguimos andando y Miguel busca un lugar para entrar al glaciar y caminar sobre él. No solo vamos a verlo y tocarlo, también vamos a caminar lo que s epoda sobre la superficie del glaciar. Subimos y caminamos sobre el hielo, como es rugoso es fácil caminar pero siguiendo siempre a Miguel porque puede haber más grutas como las que hemos visto y que el hielo se derrumbe bajo nuestros pies. Caminamos un poco, adentrándonos en el glaciar, vemos un par de remolinos de agua, son agujeros en el hielo del glaciar donde podemos escuchar cómo se mueve el agua en su interior. Mis compañeros encuentran algunos restos del avión pero al final no se llevan nada de recuerdo, aunque han ido recolectando cosas por todo el camino. Resulta que durante la guerra un avión norteamericano cayó sobre el glaciar, los estadounidenses intentaron recuperarlo pero fue imposible y el glaciar ha ido deshaciendo el avión y con su deshielo va soltando trozos del mismo. Ricardo, el otro guía, se encontró una vez un zippo de aquella época, seguramente de uno de los pilotos del avión. Cuando estamos sobre el glaciar empieza a caer gotas de lluvia así que Miguel nos mete prisa y salimos corriendo del glaciar, si comienza a llover andar por el hielo se vuelve complicado. Una vez fuera del glaciar caminamos de regreso para evitar que nos alcance la lluvia, pero para de llover y nosotros paramos para comer en frente de glaciar, lo que no se puede hacer todos los días. Una vez terminamos tomamos el mismo camino de ida para volver cuando bajamos todavía es pronto y no ha comenzado a llover, en contra de las previsiones meteorológicas. Como comenté más arriba a la salida del valle de las Mil Flores se me acabaron las fuerzas y casi no pude subir el dichoso collado, mientras subía me consolaba saber que una vez arriba solo quedaba camino, ninguna subida más, y eso lo podía resistir sin problemas siempre y cuando me alimentara un poquito, que ya tenía hambre.
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Visita: Julio 2012
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

viernes, agosto 03, 2012

Valle de las Mil Flores - Groenlandia

Valle de las Mil Flores
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El camino hasta el valle de Mil Flores comienza en la carretera de Narsarsuaq, a travesando la carretera no hay mucho paisaje interesante que ver, descampado y alguna casita suelta por ahí, aunque con la montaña alrededor y el riesgo de desprendimiento, el lugar no es muy recomendable para construirse una casa. Por el camino se puede ver el antiguo hospital militar de Narsarsuaq, bueno, en realidad lo que se puede ver es la forma donde estuvo el hospital marcada con piedras y la chimenea, que es lo único que queda en pie del hospital; una chimenea de piedra. El motivo es que los norteamericanos cuando abandonaron Groenlandia, donde tenían base militar durante la guerra mundial desmantelaron todo el hospital pieza por pieza dejando solo en pie la chimenea. Los mal pensados dicen que es porque durante la guerra ahí hacían experimentos médicos que no les interesa que se descubran. Sea cierto o no el caso es que de repente en medio del descampado de hierbas (en Groenlandia no hay árboles) de repente ves la chimenea ahí sola. El camino no se vuelve más interesante cuando el asfalto acaba y comienza un camino de piedra, entre la senda vemos una moto de nieve tirada al lado del camino, Miguel, el guía, nos comenta que seguramente en invierno a alguien se le estropeo y la dejo hasta ahí hasta el siguiente vez que fuera y pudiera arreglarla. En Groenlandia no hay básicamente robos, los guías nos contaron que una vez dejaron unas bolsas olvidadas en la puerta del aeropuerto y dos meses después cuando regresaron seguían ahí. Después de un rato caminando por fin se ve el valle, bajo nuestros pies hay un descampado tono de color rojizo y sepia y un rio de color blanquecino rodeado de una montaña, ese es el Valle de las Mil Flores. Al fondo, donde se ve una cascada de agua caer desde lo alto de la montaña es donde está nuestro campamento (aunque yo, desde esta distancia no consigo verlo). Bajamos y nos vamos acercando, a travesando los riachuelos, al campamento, a nuestro paso aparecen cientos de flores, la mayoría de color violeta. Miguel nos explica que el Valle se llama de las Mil Flores porque hay dos tipos de flores típicas de Groenlandia, una es muy común verla por Groenlandia y la otra no tanto, y que en este valle es el lugar donde se puede encontrar a las dos flores juntas. El campamento ya está montado así que solo tenemos que dejar las mochilas e ir a recoger agua fresca al río para cocinar y beber. Como hace sol los mosquitos están bastante pesados así que nos ponemos las mosquiteras y vamos en busca de agua. Lo cierto es que agua hay por todas partes pero aprovechando la cascada que tenemos cerca buscamos uno de los riachuelos que genera más corriente para coger el agua. Una vez regresamos decidimos caminar hacia el otro lado del valle hacia donde el río se hace más grande y blanquecino, al fondo se ve el final de un glaciar, así que intentamos acércanos lo máximo posible. Al día siguiente veríamos que ese inicio de glaciar que hace que el agua del río esté toda blanquecina es el Kiagtuut, que comienza algo más alejado y cuya lengua de hielo alcanza el comienzo del valle donde desprende hielo derretido a sus aguas, como lo que desprende es hielo derretido y no icebergs se dice que es un glaciar muerto. Como en Julio hay unas veinte horas de luz solar en Groenlandia, nos aburrimos un poco hasta que el día acaba, así que decidimos ir hacia el otro lado, por la maleza alrededor de los riachuelos de la cascada para buscar leña seca y hacer una hoguera. La hoguera se hace pero pasamos un tiempo mirándola apagada, puede que sean las nueve de la noche pero el sol todavía luce con algo de intensidad y se hace raro lo de la hoguera. Al final cenamos y después de cenar encendemos la hoguera, todavía es de día, solo hay uno de los dos atardeceres del día, así que la intensidad de la luz es más baja pero no es noche, así que la hoguera se hace rara, pero al menos calienta. Ahí, en medio del valle (y eso que estamos refugiados al lado de la montaña) hace bastante frio. Finalmente nos vamos a dormir dado que según las previsiones meteorológicas mañana se prevén lluvias sobre la una de la tarde, y con más intensidad sobre las seis, así que en vez de pasar dos noches en el campamento, nos levantaremos pronto, lo recogeremos todo, y nos marcharemos lo antes posible para que la lluvia no nos pille de camino de vuelta del Glaciar, y dormiremos en otro lugar.
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Visita: Julio 2012
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

jueves, agosto 02, 2012

Narsarsuaq - Groenlandia

Narsarsuaq
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El helicóptero nos ha dejado en el aeropuerto de Narsarsuaq donde nos esperan Ricardo y Miguel para llevarnos hacia el final del pueblo donde se encuentra un albergue danés donde uno puede ducharse y donde recolocamos las mochilas para el camino al campamento. Eso sí, cuando se va a entrar a las casas hay que quitarse las botas. Lo había leído antes hacer el viaje y cuando estuve ahí me recordó a cuando en Japón en los templos había que quitarse los zapatos y en Corea en los restaurantes también había que hacerlo. La diferencia es que ahí eran más limpios y nadie te daba gritos. Lo comento porque estando en el albergue de Narsarsuaq escuché a uno pegarle unos cuantos gritos en inglés a alguien que había andado dos pasos de más con las botas puestas, me pareció algo exagerado, sobre todo porque no es que el suelo por el que estaba andando estuviera limpio dado que era la zona de entrada. Es por esto que en realidad se parece pero no se parece a Japón. Mientras nos aseamos y preparamos todo los mosquitos, bastantes grandes, comienzan a atacar, que incluso atraviesan la ropa. En cuanto estamos preparados comenzamos el camino hacia el Valle de las Mil Flores.
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Información para viajar: El Sur de Groenlancia
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Itinerario: Itinerario Groenlandia

miércoles, agosto 01, 2012

Glaciar Eqaluritsist - Groenlandia

Glaciar Eqaluritsist
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El día amanece soleado, las montañas se reflejan en el agua tranquila del lago, eso es positivo porque hoy tenemos planeado el vuelo en helicóptero y con mal tiempo el vuelo no sale. Aún así, para que la pequeña neblina que hay por encima de los picos desaparezca Ricardo, el guía, programa el vuelo en helicóptero para las 10 de la mañana, que luego se retrasa porque los pilotos que hacen estos vuelos también hacen otros trabajos, hay que tener en cuenta que el transporte en Groenlandia consiste principalmente en barcos, lanchas y helicópteros. Así que, ya que hemos madrugado, pero tenemos tiempo, ganduleamos un poco, miramos los mapas de Groenlandia, hablamos, vemos coser a Jorginne el pantalón de Miguel, el guía, y preparamos las mochilas. Debido al tiempo, hoy hace sol pero en unos días predicen fuertes vientos y lluvia, Ricardo y Miguel, los guias, deciden adelantar el campamento. Porque pasar la noche en un campamento con viento fuerte y lluvia no es muy apetecible, así que en vez de ir a Igaliku esta noche iremos al Valle de las Mil Flores. Finalmente llega la hora, Ricardo nos avisa de que el helicóptero va a aterrizar en la tierra (sin pista de aterrizaje) justo al lado de la casa y que agarremos todo lo susceptible de salir volando. Entonces lo vemos, ya se acerca el helicóptero (es uno pequeño para nosotros cuatro, a veces cuando los grupos son más grandes, va un helicóptero de los que tienen de servicio de autobús con azafata incluida, pero nosotros solo tendremos al piloto). Jorginne se acerca a la casa con algo naranja en la mano y hace señales al helicóptero para indicarle la zona donde aterrizar. El piloto es nuevo en este viaje, nunca había hecho esta ruta turística y vemos que no sabemos muy bien en qué lado de la casa aterrizar, más que nada porque nos tiene a los seis mirando de derecha a izquierda intentando adivinar dónde va a aterrizar. Nos agarrarnos bien la ropa y anclamos los pies al suelo porque es cierto que con la fuerza de las hélices el helicóptero genera un fuerte viento que puede hacer volar todo lo que no esté bien sujeto. Cuando el piloto del helicóptero baja me dan un par de codazos para que me fije que el piloto es como un dios nórdico estilo Thor. Nos hacemos varias fotografías con el piloto y luego subimos al helicóptero para comenzar el vuelo. Al piloto se le ve con ganas de hablar pero como no hablamos muy fluidamente en inglés nos dedicamos a mirar por las ventanillas y exclamar ante la belleza del paisaje. Comienza el recorrido sobre las montañas, los lagos con los icebergs, el azul del agua y el blanco y verde de los icebergs brillan con fuerza desde arriba, confundiendo los colores. Así tomamos camino hacia el glaciar Eqaluritsist Las mejores vistas, las más impresionantes, las que parece que estás dentro de un documental o en una película son aquellas que se obtienen desde el helicóptero y desde el barco. En este caso todavía no habíamos tomado un barco con buen tiempo pero afortunadamente si tomamos el helicóptero con sol, lo que nos permitió disfrutar de los vívidos colores del paisaje a nuestros pies. El agua de color azul verdoso está cada vez mas cubierta de trozos de hielo blanco y así, poco a poco entre las montañas, aparece una gran lengua de hielo que es el glaciar Eqaluritsist. Mientras nos acercamos al glaciar, podemos ver como caen trozos de hielo del glaciar al gua y resulta impresionante la facilidad con la que caen, como si fuera helado derretido en un día de verano, aunque son masas gigantescas de hielo que luego se convierten en los icebergs de figuras caprichosas. El piloto aterriza el helicóptero junto a la montaña al lado del glaciar y nos da media hora para acercarnos y hacernos fotos. Como hace sol y pese a estar al lado del glaciar los mosquitos atacan con fuerza así que tenemos que colocarnos la mosquitera de cara, que en julio en Groenlandia es algo indispensable para viajar. Sin aventurarnos demasiado al borde, para no caer sobre el hielo, vamos observando desde diversos ángulos la inmensidad del glaciar Eqaluritsist. No se consigue ver el origen del glaciar, hielo y más hielo con formas caprichosas se extiende desde donde alcanza la vista hasta casi nuestros pies donde el glaciar forma nubes blancas con tonos negros y azules que de lejos se pueden confundir con las olas del mar o con las nubes del cielo. Esperamos con ansia ver otro trozo de hielo caer sobre el agua, ver como salpican las blancas aguas los golpes de hielo, que parecen a lo lejos como suave nata y en cambio son piezas duras. Aprovechando los últimos minutos pedimos al piloto que esta paseando para matar el tiempo, que nos haga a todos juntos una fotografía, y cuando se acerca los mosquitos (que deben estar acostumbrados al frio) le atacan así que le prestamos una mosquitera de cara para que pueda enfocar bien la fotografía. Luego, el piloto nos acerca con el helicóptero a las paredes del glaciar, para ver de cerca esos muros de hielo blanco que caen al bar blanquecino, y a petición de un compañero de viaje el piloto sobrevuela por encima del glaciar, para ver de cerca las curiosas formas que el hielo blanco y azul toma en el techo del glaciar. Y una vez visto el glaciar por todos los lados el helicóptero nos lleva hacia Narsarsuaq, nuestro centro de operaciones. Por el camino, haciendo gala de ser español acabamos cogiendo unos caramelos que tiene el piloto bajo el asiento. Al llegar a Narsarsuaq el piloto no aterriza sobre la pista sino sobre unos tablones de madera, y más perfecto no podría ser el aterrizaje, lo ha clavado, pero ya nos dijo Ricardo que los pilotos de Groenlandia eran de los mejores del mundo. Al bajar del helicóptero mi compañera de viaje le planta dos besos, y lo arreglamos entre risas con la frase “tipical spanish”, ya que el pobre piloto que se ha quedado todo sorprendido.
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martes, julio 31, 2012

Collado del Eqaluritsist - Groenlandia

Collado del Eqaluritsist
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Nos levantamos y la vista es un poco triste; está lloviendo y el día ha amanecido gris. El itinerario del día consiste en un trekking de 17 kilómetros hasta el collado del Eqaluritsist para ver el fiordo, pasando por la bahía para ver la playa con los icebergs varados. Comenzamos el recorrido bajo una ligera lluvia, campo arriba, campo abajo, cruzamos ríos, montañas y ovejas pastando que de vez en cuando se dejan oír, aunque habitualmente solo se oye el ruido de la lluvia al caer. El paisaje con sus ondulaciones y hoyos verdes, sus ovejas, su lluvia y su niebla me recuerdan a Escocia. En lo alto de un collado (no al que nos dirigimos, pasamos por varios collados hasta llegar al Eqaluritsist) hay unas pocas ruinas de casas vikingas. La vista, como en la otra población, es espectacular. Los vikingos sabían elegir el lugar de su vivienda. Desde lo alto del collado a los pies de la verde montaña está el mar repleto de icebergs. Bajando del collado llegamos a la playa y vislumbramos la bahía donde hay cientos de icebergs varados que dejan a los pocos que vimos ayer en una miseria. Los tenemos de todos los tamaños y colores, formas divertidas o sin forma. Hielo transparente, hielo blanco, hielo azul, hielo negro. Los icebergs negros son debido a la tierra de las morreras que arrastran con ellos, y los azules eléctricos debido al agua que se introduce dentro de ellos. Estamos nosotros solos en una playa de piedra rojiza cubierta de cientos de icebergs y otros tantos más en el agua; es como un gran museo. Y otra vez, como niños, corremos de iceberg en iceberg, escondiéndonos entre el hielo, buscando el más bonito, el más curioso, subiendo a los que parecían caballitos, trineos, etc. Después de recorrer toda la playa subimos collado tras collado, la niebla cada vez es más densa así que no nos separamos mucho y seguimos subiendo para intentar ver el fiordo desde lo alto del collado de Eqaluritsist, pero al llegar arriba del collado la niebla persiste y apenas podemos ver el fiordo al otro lado. Nos quedamos parados desde lo alto esperando que la niebla se marche y nos deje ver al fondo el inlanis pero no hay suerte esta vez, lo que es una pequeña desilusión. Desde que hemos comenzado a andar no ha parado de llover y cada vez llueve más fuerte, así que bajamos el collado. La bajada nos muestra una niebla baja y al fondo los azules icebergs, por lo que al menos el paisaje merece la pena aunque sea solo la bajada del collado. Nos dirigimos hacia una cabaña abandonada donde encontramos refugio para comer, no esperamos mucho para salir después de comer dado que cada vez llueve más en vez de menos. Así que comenzamos el camino de regreso, dejando atrás la bahía y sus icebergs. La pena del día fue que no dejó de llover y al final, pese a las capas de agua y la ropa impermeable llegamos todos más que mojados a la granja de Jorginne.
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lunes, julio 30, 2012

Tassiusaq - Groenlandia

Tassiusaq
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Caminamos desde Qassiarsuq hasta Tassiuasq subiendo unas montañitas con poco desnivel, cuanto más arriba mejor es la vista: el verdor ondulado de las laderas, las casitas de colores y los icebergs flotando sobre el agua gris. En todos los caminos hay varias cascadas, ríos y lagos. El agua no falta por Groenlandia y en todos los caminos se puede encontrar un rincón donde coger agua para beber. El camino se realiza bajo la niebla, más o menos espesa, pero al menos había dejado de llover. Entonces pequeñas flores violetas comienzan a aparecer a los lados del camino y se vislumbra una casa de madera color verde, con sus tractores rojos, y al fondo de todo ello la costa con los ya conocidos icebergs. Acercándonos a la granja hay unas tumbas, cruces blancas, rodeadas de flores violetas. Por el apellido que está escrito en las cruces son familiares de nuestros anfitriones, los inuits propietarios de la granja hostal donde nos vamos a alojar por un par de noches. Nos atiende Jorginne (Georgine pronunciado), una simpática mujer mayor, mezcla inuit-danesa, que es dueña de la granja junto con su esposo Otto. Como ya nos habían dicho, y había leído, antes de entrar en la casa hay que descalzarse. Al principio cuesta lo de recordar descalzarse al entrar en alguna casa pero luego ya te acostumbras a pasear en calcetines por la casa (parece algo muy japonés pero en realidad no se le parece). Apenas dejamos las mochilas, y pese a la lluvia que ha empezado a caer, no podemos resistir quedarnos descansando y salimos a dar una vuelta. Al final nos dirigimos a la costa para poder ver más cerca los icebergs que hemos visto desde la distancia. La granja está situada sobre un pequeño lago por donde entran algunos icebergs, y lo cubren unas ligeras montañas, por lo que la vista al despertarse es como si se durmiera en plena montaña. Como decía, salimos a caminar y llegamos bajo una intensa lluvia a la costa, donde disfrutamos quedándonos parados y viendo nadar a los icebergs. Ya sabemos (y nos dicen) que vamos a ver más, y que nos cansaremos de ver icebergs, pero no podemos evitar quedarnos en las rocas, mirando al infinito, disfrutando de ver nuestros primeros icebergs en grupo. Entonces oímos un sonido parecido a un trueno lejano, pensamos que es la tormenta pero nos dicen Ricardo y Miguel, los guías, que es un iceberg que se ha roto y se ha dado la vuelta. Nos fijamos a lo lejos y así es, un iceberg que antes estaba de una forma ahora esta de otra diferente. Y el agua comienza a moverse debido al movimiento generado por el propio iceberg al cambiar su centro de gravedad. Así nos pasamos un buen rato, simplemente admirando el paisaje bajo la lluvia y entonces una cabecita negra se asoma sobre el agua: una foca. Hemos visto una foca, que juega con nosotros ya que va nadando y escondiendo la cabeza y sacándola del agua a cada rato. Así que pasamos unos ratos buscando la cabeza de la foca. Al final perdemos de vista a la foca juguetona, a la que solo hemos visto la cabeza, y volvemos a la granja para cenar. Por la noche Miguel, el guía, nos contará una Leyenda Inuit y así cada noche le pediremos que nos cuente una leyenda inuit. Al día siguiente por la noche Jorginne nos preparará un dulce típico groenlandés que se hace con la raíz de no sé qué planta y que tiene un color rojizo, pero yo prefiero los dulces más dulces que eso. También, en unas de estas noches con sol (hay que recordar que en Julio hay unas veinte horas de luz solar) Jorginne nos toca un teclado que hay en el salón y nos canta en Groenlandés mientras la escuchamos desde los sofás.
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domingo, julio 29, 2012

Qassiarsuq - Groenlandia

Qassiarsuq
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En barco llegamos de Narsarsuaq a Qassiarsuq muy rápidamente. Al estar todos dentro de la cabina el barco ha ido deprisa, los icebergs los hemos visto de pasada, pero ya tendremos más viajes en barco a través del fiordo de Erik El Rojo, e instantes más tranquilos (y sin lluvia) para verlos. Detrás de nosotros, mientras amarramos y descargamos las mochilas, hay otra barquita esperando su turno. No hay puertos grandes y es un continuo llegar y salir de lanchas y barquitos. Por esa razón no se puede dejar amarrado un barco o barca en las escaleras que sirven de muelle de cada población, dado que sino otra persona que vaya no tiene forma de llegar a la costa. Digamos que como ahí no usan las carreteras sus lanchas y barcas son sus coches, y en vez de tener varios parkings solo tienen uno, por lo que solo pueden parar, bajar, o dejar a la gente o las cosas, e irse. No pueden estar demasiado tiempo aparcados porque sino el resto de gente no puede alcanzar la costa. En Qassiarsuq nos acercamos a una pequeña casita de madera que es una tienda donde comprar suministros, por ejemplo un refresco, dado que no tendremos otra oportunidad en un tiempo. Ahí descubrimos que las casitas pequeñas de color azul con una especie de manguera son fuentes donde coger agua potable. Mirando alrededor solo hay unas cuantas casitas de colores desperdigadas por la costa, y en eso consiste el pueblo de Qassiarsuq. En la playa vemos un iceberg varado: nuestro primer iceberg varado. La emoción nos inunda así que antes de nada bajamos a la playa de piedra roja para tocar el iceberg de color azulado. Las playas de ahí no son de arena sino de piedra. Encima del iceberg hay un par de piedras, y es que es normal que los icebergs transporten sobre ellos varias piedras de gran tamaño. Poco a poco el iceberg se va deshaciendo pero no estaremos aquí para verlo. Salimos de la playa para subir una ladera, en lo alto está la estatua del hijo de Erik El Rojo (no recuerdo el nombre del vikingo), que escapando de Islandia (donde estaba buscado por asesinato) fue a asentarse en Groenlandia. Quassiarsuq es el primer asentamiento vikingo de Groenlandia, por eso tiene erigida esa estatua en recuerdo del primer vikingo que se asentó ahí. Desde lo alto se puede ver el valle de un intenso color verde, que contrasta con el gris del agua, las montañas y los cielos (el día está nublado y cae llovizna de vez en cuando). Mirando esos valles tan verdes y sus flores amarillas como puntillismo en un cuadro de campo, uno entiende el por qué los vikingo llamaron a esta tierra “tierra verde” (Greenland). Bajamos la ladera para ir a visitar los restos vikingos del pueblo. De camino pasamos por la escuela y echamos un vistazo entre las ventanas., todas las casitas son muy parecidas entre sí. Llegamos al antiguo asentamiento vikingo, en esta zona han reconstruido lo que fue la casa de Erik El Rojo, y enfrente lo que fue la ermita de la esposa de Erik El Rojo. Al parecer los vikingos se convirtieron al cristianismo excepto Erik El Rojo, y como la esposa de Erik era muy devota este le construyo una ermita para rezar. El paisaje donde se asentaron es espectacular, desde la casa de tundra y madera de los vikingos se puede ver el mar y los icebergs moviéndose por el agua, con el azul brillante resaltando sobre el gris del agua (reflejo de las nubes) y el verde del valle reluciendo al otro lado. Cerca de ahí hay un iglú real que visitamos por dentro. Hay dos tipos de iglús, los de hielo y los de tierra. Este es un iglú de tierra, la casa de los inuits en verano y primavera, pero la estructura es la misma que un iglú de hielo y nieve. Tiene una única entrada frontal como haciendo un pasadizo, lo tenían así construido para ver si había animales para cazar o si venía alguien con malas intenciones poder defenderse. Para que se pueda ver mejor se le ha abierto una especie de ventana que desvirtúa la estructura original pero que deja ver lo confinados que vivían los inuits en ese reducido espacio. Qassiarsuq no tiene mucho más que ver, así que una vez hemos visto el iglú y los restos vikingos vamos subiendo un camino de tierra que continuaremos durante un tiempo hasta llegar a Tassiusaq. Si el cartel que ponía cerca del embarcadero de Qassirsuq no está equivocado son 7 kilómetros entre una población y otra.
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sábado, julio 28, 2012

Narsarsuaq - Groenlandia

Narsarsuaq
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El viaje comienza de verdad cuando cogemos el avión en Copenhague con destino a Narsarsuaq. Curiosamente en el aeropuerto de Copenhague no me hacen quitarme las botas, al contrario que en otros aeropuertos de Europa, como el de Madrid. En la puerta de embarque es muy fácil distinguir entre los daneses, los inuits (esquimales, pero no les gusta que les llamen así porque suelen tomarlo como una forma despectiva de llamarlos) y el resto. Una vez en el avión, pese a facturar juntas (la compañera de viaje que conocí en Madrid y yo) nos sientan en sitios diferentes. Mientras esperamos a que el avión se llene para preguntar si es posible cambiarnos de sitio un danés nos oye hablar y nos felicita por el futbol, y nos da una pequeña charla de lo bien que juega España, el hombre muy emocionado hablando de fútbol. Al final nos cambiamos hacia la zona del medio, donde las puertas de emergencia, y estamos una media hora más esperando a que la azafata, muy amablemente, organice el avión moviendo a la gente de sitio para que el avión este equilibrado. El avión es grande pero viajamos muy poquita gente en él, y a casi todos nos habían colocado delante. Delante nuestro sientan a un hombre mayor que es un médico francés jubilado que vive cerca de la zona fronteriza con Suiza y que va todos los veranos para ejercer de médico y aprovechar para pescar. Nos comenta que vamos a ver una pequeña zona del sur pero que el norte es muy turístico (algo que ya sabía, pero no me fue posible cuadrar las vacaciones para ver el norte). Después de unas cuatro horas y pico de vuelo nos acercamos a Groenlandia, el médico que ya ha hecho el viaje varias veces nos avisa para que miremos por la ventanilla, pero por desgracia el cielo está nublado y no se puede ver desde arriba. Tampoco podemos ver bien Islandia cuando pasamos por encima. Si ya lo había visto yo en internet antes de salir de España; mal tiempo nos esperaba por Groenlandia. Aun así, a medida que vamos bajando, y atravesamos las densas nubes blancas, comenzamos a ver la nieve de los picos de las montañas. Es increíble cómo se funde el blanco de las nubes con el blanco de la nieve. Y Así, poco a poco, vamos atravesando todas las nubes y comienzan a distinguirse las montañas, los icebergs, y el agua del mar con un rico color azulado. Sin duda el viaje vale la pena solo por las vistas desde el avión al aterrizar. La llegada a Groenlandia en el vuelo es impresionante, con la nariz pegada a la ventanilla, como niños pequeños frente a un escaparate de golosinas, disfrutamos de la vista de los fiordos, la banquisa, las montañas y el mar repleto de icebergs, todo de un vivido color (y eso que estaba nublado y el sol no se dejaba ver). Notamos que el avión saca el tren de aterrizaje pero, mientras, yo solo veo agua y más agua, ¿vamos a aterrizar en el agua? Al frente, que no la veo por las alas, está la pista de aterrizaje del aeropuerto de Narsarsuaq, no lo sabía pero me dijeron que es uno de los más peligrosos, al parecer la pista es muy corta, pero los pilotos de Air Greenland son muy experimentados y descienden sin problemas sobre la pista, y no sobre el agua como empezaba a temer. No había bajado del avión y ya solo la vista desde el mismo me animaba a considerar el viaje como satisfecho. Es una vista impresionante. Bajando del avión hay que ir andando por la pista hasta el aeropuerto de Narsarsuaq, que es una pequeña casita azul. Cuando entramos en la misma nos hacen salir a todos de la habitación donde están las cintas para las maletas, sin explicarnos nada, y sin saber qué pasa con nuestro equipaje. Ahí en la salida están esperando Ricardo y Miguel, nuestros guías de Greenland Adventure, a los que no reconocí porque estaba más preocupada por el equipaje que por otra cosa. Nos comentan que si nos han hecho salir a todos es porque van a pasar los perros por el equipaje. Luego ya nos dejaran entrar a por los bultos. Mientras esperamos conocemos a nuestros dos compañeros de viaje, los que cuando estábamos en la puerta de embarque ya supusimos que debían ser ellos (por su aspecto ni danés ni inuit). Por lo que para pasar el rato echamos un ojo a la tienda del aeropuerto y poco más, dado que no hay mucho más que ver en el aeropuerto. Cuando ya tenemos el equipaje vamos a la casita del Blue Ice que es tienda de souvenirs y cafetería. Es la tienda donde más variedad de souvenirs pude ver, así que recomiendo que si se quiere traer un recuerdo y solo se visita el sur, se aproveche y se eche un ojo ahí. Al lado está el museo, que es un pequeño popurrí de cosas, el día de regreso estuvimos visitándolo. Ricardo y Miguel nos explican el viaje. Debido al tiempo, que va a ser regular, hay que cambiar el itinerario del viaje. Ya lo puse antes de irme, que podía haber cambios según la climatología, y eso es lo que ocurrió. Mientras unos van al supermercado a comprar un par de bocadillos para comer otros vamos hacia el hotel. El pueblo de Narsarsuaq no es muy grande. Hay una carretera asfaltada por donde se camina de un sitio a otro. Hay pocas casas y además están distanciadas entre sí, el suelo es del estado danés y hay que pedir una concesión para construir tu casa, pero puedes construirla donde quieras, eso sí la pagas tú, trayendo los materiales del continente, y la mano de obra especializada, es decir, que aunque no tengas que comprar el terreno tampoco te sale barato hacerte una casa ahí. Comenzamos a caminar hacia el hotel donde en la cafetería del mismo nos tomaremos los bocadillos, mientras espantamos a los mosquitos, que en Julio son muchos y pesados por Groenlandia (nadie lo podría imaginar). Mientras, vemos bicicletas junto a las casas, sin ninguna seguridad, ahí no hay problema de robos. En un lateral hay unas cornamentas de caribú y haciendo tiempo para que lleguen los del supermercado nos entretenemos fotografiándolas desde todos los ángulos. En la puerta del hotel hay un autobús al aeropuerto, que resulta curioso porque andando no se encuentra demasiado lejos del mismo y tampoco parece que sea un transporte muy usado. El día de regreso pudimos ver a la tripulación del avión ir caminando por la carretera del hotel hasta el aeropuerto. El hotel tiene una tienda de souvenirs, pero tampoco es gran cosa, si acaso para lo que es compra de postales. También te puedes conectar a internet pagando por minutos. En Narsarsuaq no hay mucho que hacer, básicamente es nuestro lugar de partida, de paso y de regreso (digamos que el centro de operaciones). Después de comer caminamos hacia el embarcadero para tomar nuestro barco hacia Qassiarsuq. Por el camino se pone a llover, aunque andamos a paso lento para disfrutar de la vista de los icebergs con su intenso color azul sobre el claro color grisáceo que el agua ha tomado debido a la ausencia de sol. Para cuando llegamos al barco ya llueve con ganas y no tenemos otra alternativa mejor que ir dentro de la cabina, por lo que solo podemos vislumbrar los icebergs y el fiordo de Erik El Rojo a través de los cristales mojados, a menos que alguno se atreva a salir y empaparse, lo que al comenzar nuestro viaje a nadie nos apetece. El piloto del barco, un inuit, también le gusta el futbol y se emociona al hablar de ello pero a las chicas nos ignora un poco.
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