Monte Pilatus - Suiza

Mt. Pilatus

Cuando llegamos al a oficia de turismo de Lucerna había fila, pero no era tan grande como el día anterior. Esta vez la chica que nos atendió no sabía español pero si inglés y cuando le dijimos lo que queríamos nos enseñó la web donde tienen la webcam con el Mt. Pilatus y las nubes al fondo. Como hacía muy bien día supusimos (acertadamente) que las nubes irían desapareciendo. Compramos el billete con el que hacer el circulo dorado: Lucerna – Alpnachstad – Pilatus Kulm – Kriens – Lucerna, que con el swiss pass tenia un 50% de descuento y costó 34 francos (todos los precios que pongo es lo que me costó a mi, una persona).Nos acercamos al muelle (frente a la estación de tren y la oficina de turismo) para esperar a subir. El barco, el MS Flüelen, partió a las 9.40h. Nos sentamos en cubierta para ver el paisaje por el lago pero bien resguardadas, habiendo aprendido del viaje por el lago Thun. Aún así al poco de pasar el revisor ya teníamos frio y fue el lugar donde más frio pasamos. Ni siquiera en el Klein Matterhorn (3883m) nublado tuvimos tanto frio. De vez en cuando entrabamos dentro a entrar en calor porque había tanta gente que no quedaba ningún sitio para ir sentado en segunda clase y también había mucha gente de pie donde el bar, todos bebiendo sin parar. Llego un momento en que el olor a alcohol era insoportablemente fuerte y es que medio barco no paraba de pedir bebidas y bebidas. En la cubierta por poco me caigo, iba saliendo del interior de nuevo a buscar a mis amigas cuando un coreano que estaba sentado en cubierta de pronto extendió las piernas y tropecé. Con esa ya eran dos veces que casi me caigo redonda en el suelo porque en el tren camino a Lucerna el tren dio un bandazo mientras iba de un vagón a otro y ahí me caí completamente sobre un chico, qué vergüenza pasé y lo que se rieron mis amigas. Afortunadamente ya estábamos llegando a nuestro destino y dejamos la helada navegación por el Lago de los Cuatro Cantones para bajarnos en Alpnachstad, última parada.Enfrente del embarcadero estaba la estación del tren cremallera, el más empinado del mundo con pendientes de hasta el 48 %. El camino no tiene pérdida dado que casi todo el barco se dirigía ahí. Antes de llegar a la estación había un par de chicas en una mesita con sombrilla donde te intercambian el ticket por el billete que nos serviría para el tren, el teleférico, telecabina y bus. Si en cambio no tienes los tickets hay que ir a comprar el billete de tren directamente a las oficinas. Y mientras nos tenían como ganado esperando a los vagones del tren pudimos ver como se cambiaban las vías para mover el vagón de un lado a otro de la vía y en el entretiempo una de las mujeres mayores que habían salido del barco con su bebida en la mano tropezó conmigo y me duchó en cerveza. Su amiga, aún más borracha que la otra, no paraba de reír. Tomamos pro fin el tren y llenaban los vagones a conciencia, estábamos más apretados que en una lata de sardinas, no se podía uno levantar ni sacar la cabeza por la ventanilla. Lo de levantarse la gente lo cumplió a rajatabla, lo que si te toca de frente y hacia el lado izquierdo es una pena porque te pierdes unas maravillosas vistas. Lo de sacar la cabeza por la ventana, mucho más peligroso en mi opinión, y sí que lo incumplía todo el mundo. Yo iba sentada hacia el frente y tuve que girar la cabeza casi como la niña del exorcista para poder ver las vistas, pero que vistas más bonitas. Recomiendo que si se coge el tren más empinado del mundo se intente montar en el lado derecha mirando hacia arriba pero colocándose dirección contraria a la subida del tren, es decir, no poder mirar hacia arriba, porque de esa manera mientras subes puedes ver mucho mejor las increíbles vistas de la pendiente de la montaña y como poco a poco va quedando el lago cada vez más lejos, precioso.Llegamos al monte Pilatus y nada más salir cogimos uno de los folletos gratuitos con información de los diversos caminos que hay para recorrer. De todos los caminos solo hicimos un par, dejamos el más largo sin recorrer, y eso que mis amigas no descienden de los monos sino de las cabras., pero ninguna debíamos estar con ganas. Subimos arriba y en la azotea entre las hamacas donde la gente tomaba el sol junto al hotel vimos a un hombre tocando un instrumento típico que no sé cómo se llama. Estábamos teniendo bastante suerte al encontrarnos con cosas inesperadas.De aquí hicimos el recorrido que resultó ser el que más alto subía y el más empinado (si ya decía yo que mis amigas desciende de las cabras). Con la subida entramos en calor y lo cierto es que la vista compensa el esfuerzo. Desde ahí dice el folleto que se ven los seis lagos. Nosotras como el día estaba despejado empezamos a contar y la verdad, o nos salían menos o nos salían más dado que no distinguíamos donde se empezaba a considerar uno u otro. Y entre los lagos las montañas y los picos de las que teníamos más cerca también se veían perfectamente dado que no tuvimos ni una nueve. Bajamos y tomamos otro de los recorridos del plano, el último que hicimos fue el del dragón que es por dentro de las cuevas del monte pilatus con agujeros en la roca con vistas de las montañas a nuestros pies. El vagón del tren de cremallera tiene el símbolo de un dragón porque hay una leyenda de la edad media que dice que en esta montaña vivía un dragón.Nos sentamos en la azotea a comer nuestros bocadillos y nos quedamos con la duda (que más adelante despejaríamos gracias a internet) sobre la leyenda de que el Monte Pilatus se llama así porque estaba el alma de Pilatos ahí. Claro, se nos hacia raro que el Pilatos romano hubiera acabado en Suiza pero los folletos no explicaban más.Una vez comimos hicimos nuevamente fila para coger el teleférico y regresar. También es posible volver a bajar en el tren, todo es cuestión de elegir el recorrido a hacer antes de coger el billete. La vista del descenso, como siempre, impresionantes. La primera estación intermedia que se llama Fräkmüntegg, aquí tomamos el telecabina. Desde arriba vimos que esta zona está llena de actividades que realizar, lo cierto es que íbamos con el tiempo cronometrado porque si hubiéramos tenido tiempo hay un sinfín de actividades que realizar por Suiza. Desde el telecabina vimos las tirolinas, ya la gente que se lanzaba en el Rodelbahn, un tobogán larguísimo (1350m) que bajaba por la montaña.de Frakmuntegg se llega a Kriens. Kriens hay que tomar el bus número 1 en dirección a Lucerna. Para llegar la parada del autobús es muy fácil, solo hay que ir siguiendo los carteles de bus en azul. Cada pocos pasos tenias uno, para que el turista no se perdiera buscando el bus a Lucerna dado que hay que bajar una buena parte de la montaña andando entre las casas. Llegamos a un lugar donde había una fuente de agua potable así que paramos para rellenar nuestros botellines de agua, que para algo que era gratis. Mientras estábamos ahí nos alcanzó una pareja de chinos que había bajado detrás de nosotras en el telecabina. El chico me preguntó si era agua potable y después de nosotras rellenaron sus botecitos con agua, son esos botes que vi en China que siempre llevan consigo con hierbas dentro. Como íbamos al mismo sitio bajamos juntos hasta llegar a una avenida. Ahí no vimos ningún cartel ni autobús así que no sabíamos si girar a la izquierda, a la derecha o cruzar de frente. Con esa cara de perdidos una mujer suiza que iba en bicicleta se paró de golpe y nos sorprendió preguntando si necesitábamos ayuda. Los suizos son siempre muy amables, solo hay que ver como se detuvo de su camino en bicicleta para ayudarnos sin nosotros pedirlo. Cuando le dijimos lo que buscábamos nos señaló a la derecha y siguió su camino en bicicleta. Cuando nos acercamos a la parada vimos que el cartel señalando la parada estaba lleno de pegatinas diversas, y por eso no era posible localizarlo. Cuando llego el bus subimos por la puerta trasera, nos resulto muy curiosa en los autobuses que cogimos en suiza que se pudiera subir por cualquier puerta, al igual que el metro de Lausana aquí no se deben colar mucha gente porque sino no lo entiendo.
 
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Lucerna - Suiza

Lucerna

Como lo que habíamos hecho no estaba planeado en el itinerario los horarios que habíamos cogido para guiarnos en cuanto al tren no nos servían, aun así no tuvimos problemas para llegar a Lucerna solo que el tren que cogimos tenía casi todos los vagones de segunda clase reservados. Vamos, solo había uno sin reservar. Nos posicionamos en al área del andén donde decía en el cartel que iba a parar pero aun así había muchísima gente. Encontramos un hueco entre vagón y vagón donde dejamos las mochilas y nos sentamos en las escalerillas. En nuestro hueco había una chica y un hombre que no hacía más que quejarse en italiano a los revisores. El tren debía estar a rebosar porque los revisores cuando pasaron nos dieron a todos los que no estábamos sentados un ticket de compensación por la molestia de no tener asientos libres, el ticket era para comprar cualquier cosa en las cafeterías del tren o de la estación por un importe de 10 francos. Con ese dinero lo único que pudimos coger fue un botellín de agua, pero bueno, un botellín de agua que nos salió gratis y tampoco fuimos tan mal, empezamos a buscar donde cambiar el ticket de compensación y así recorrimos todos los vagones de segunda y primera clase, y el tren estaba a llenísimo de gente. No solo todos los asientos estaban ocupados, en los huecos entre vagón y vagón había unas ocho y diez personas de pie o sentadas por los suelos como podían. No se podía ni andar. Así que lo cierto es que tuvimos suerte porque en nuestro hueco éramos solo cinco y una chica se bajo en la primera parada y luego más adelante se quedaron asientos libres en la entrada del vagón donde estábamos y las tres nos pudimos sentar en los asientos en vez de en el suelo. Así que, entre una cosa y otra, no me fije mucho en el paisaje.Llegamos a Lucerna y aprovechando que el tren nos había dejado al ladito de la oficina de turismo nos acercamos para comprar el billete para ver el Mt. Pilatus. Una parte del recorrido que queríamos hacer lo cubría el swiss pass pero otra parte solo tenía descuento, como ya era habitual. El caso es que haba una enorme fila en la oficina de turismo. No nos importó esperar pero cuando llegamos a la chica esta nos dijo que mejor cogiéramos el billete a la mañana siguiente por la mañana, cuando fuéramos a hacer el viaje, no fuera a hacer mal tiempo. Como no teníamos ni un día libre para pasarnos nosotras ya sabíamos que aunque hubiera niebla como en Gornergratt íbamos a hacerlo pero supusimos que como había una buena fila detrás nuestro la chica lo decía más bien por quitar gente de la fila. En todo caso como el barco lo cogimos al lado de la estación de tren no tuvimos problema. Nos fuimos hacia el hostal. Dejamos todo el equipaje y nos fuimos a ver un poquito de Lucerna porque en nada iba a anochecer y teníamos que aprovechar todas las horas de luz solar posibles. Giramos hacia el lago para ver las casas con sus pinturas en las paredes y cruzamos el puente de los molinos, muy mono con su capillita en medio y sus pinturas en la parte superior del puente.Por el otro lado del rio empezamos a callejear, no hace falta seguir ningún plano todo son casas preciosas con las paredes decoradas con pinturas, vas de una placita a otra calle ves la casa y llegas a otra placita encañadora y así hasta que llegas al ayuntamiento, con la catedral y la iglesia Fraummunters. Fuimos a salir al rio y ver el puente capilla. Ahí nos quedamos un buen rato disfrutando del lago con el puente y los cisnes. Y me resulto más bonito que de día.Nos levantamos y después de desayunar, dejar las maletas en el hotel y comprar chocolates suizos (fue una tentación teníamos dos tiendas al ladito del hotel con todo chocolates y no pudimos resistirnos al ver que habían abierto) nos fuimos dirección a la oficina de turismo. Para aprovechar fuimos en dirección contraria que el día anterior, así cruzamos una plaza muy mona con su fuente y su edificio cerca del hotel donde había una representación de una antigua botica, muy curiosa. De ahí cogimos la ribera del rio y nos acercamos al puente capilla para verlo desde otro ángulo y a la luz del día. luego nos fuimos al Mt. Pilatus y de Kriens regresamos a Lucerna. El bus número 1 que va de Kriens a Lucerna nos paró justó pasado el puente al lado del lago. Ya nos quedaba poco de la ciudad por ver dado que por la mañana ya habiamos visto el puente capilla y la noche anterior el casco historico, asi que adentramos un poco en la calle Lowenstrasse.Paramos para ver La Colegiata y después seguimos hasta el final de la calle para ver el león de Lucerna que es el monumento de un león moribundo esculpido en la roca y que representa a los héroes suizos que murieron los Jardines de Tullerías luchando durante la Revolución Francesa. Y de ahí nos acercamos a la muralla, la cuesta y subir las escaleras de la muralla merece la pena cuando después, paseando por la muralla, ves la ciudad, el lago y el monte Pilatus. Anduvimos hasta el final de la muralla y luego bajamos por la otra zona hasta regresar por la ribera del rio hasta el hotel a recoger las maleta se irnos a la estación a coger el tren a Zurich cubierto con el swiss pass.
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Schilthorn - Suiza

Schilthorn

Cogimos el autobús donde lo habíamos dejado Trummelbach Falls y nos bajamos en la parada Stelcherberg, donde está el teleférico. En vez ir hacia allí y cogerlo nos dedicamos a dar ese paseo que se nos había antojado, toda esta zona es impresionante con varias cascadas cayendo directamente desde la montaña y sobre todo, desde tanta altura. Cuando regresamos tuvimos que esperar bastante al teleférico.De Stelcherberg subimos a Gimmelwald, telesferico cubierto con el swiss pass. De Gimmelwald a Murren cogimos el siguiente teleférico que estaba también cubierto con el swiss pass. En Murren nos debatimos de nuevo si dar un paseo como nos recomendó Úrsula o no. Finalmente como ya habíamos visto valle, cascadas, y casitas preciosas decidimos aprovechar el buen día que hacia para subir pronto a la montaña y disfrutar de las vistas. Así que de Murren cogimos el teleférico a Birg y de Birg a Schilthorn. Estos solo tenían descuento con el swiss passs y nos costó 37 francos. Muy barato si tenemos en cuenta que tanto la subida como las vistas arriba merecen mucho la pena si hace un buen día. La subida hasta la montaña es impresionante, había muchísima gente así que decidimos mirar hacia un lado y a la bajada mirar hacia el otro lado, para no perdernos nada porque las vistas desde los dos lados es increíble. Ayuda bastante que hiciera el sol que nos hizo lo que permitía ver las cumbres nevadas a un lado, con los montes verdes con cabras caminando y agua corriendo entre ellos. O el valle verde que parecía césped falso del increíble color y textura que se veía desde arriba, con las casitas y el agua circulando libremente. Y si la subida tenía unas vistas increíbles las vistas desde Schilthorn te dejaba sin palabras. Nada más llegar tienes vistas de las cimas del Eiger, el Mönch y el Jungfrau (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) y de otros 200 picos y al otro lado el valle con el lago thun, que por la distancia se veía porque hacía muy buen día. Si no hace un día tan despejado como el que nso tocó solo es posible ver las cimas de las montañas dado que el lago queda bastante a lo lejos mientras que als montañas parece que puedes tocarlas con las manos. Aquí había unas escaleras para bajar a la montaña y varios senderos para bajar andando. Nosotras caminamos un poquito, hacia realmente muchísimo frio pese al sol, había carámbanos de hielo y nieve por todos los lados (2970 metros) pero aun así se podía caminar entra la roca más o menos bien, de esa forma se puede ver mejor las montañas que parece que las puedas tocar con las manos y comprobar las rugosidades que tienen y el tacto de la nieve.Nos hizo gracia que en el camino había una señal de prohibido zapatos de tacón y es que como no hay que subir exclusivamente a pie supongo que más de alguna había subido hasta ahí con zapatos de tacón y luego pretendía caminar tranquilamente por el pico con ese calzado. Y lo cierto es que vimos a unas coreanas que iban monísimas pero con unos pedazos de tacones impresionantes bastante poco aptos para la zona. Nos regresamos al pico pro el mismo camino y entramos dentro del restaurante giratorio a entrar en calor y ver la exposición del rodaje de la película 007 al servicio de su majestad (que se rodó una parte ahí), para luego coger el teleférico para bajar, haciendo el mismo recorrido que a la ida.Cuando llegamos a Interlaken fuimos a coger las maletas, a comprar algo de comida en el Migros y de ahí a la estación. Regresamos y en la estación coincidimos con unas mujeres vestidas con, suponemos, el traje típico. Justo se pararon al lado nuestro para subir al vagón, y vimos hasta el detalle de las enaguas de tan cerca que estábamos.
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Trummelbach Falls - Suiza

Trummelbach Falls

Después de desayunar le compramos a Úrsula los tickets para visitar Schilthorn. Esta visita no la teníamos programada pero como nos sobraba tiempo y el folleto que nos dio Úrsula nos gustó mucho decidimos hacerla. Una parte está cubierta con el swiss pass pero otra parte hasta arriba hay que pagar, aunque con el swiss pass hay descuento. Como siemrpe Ursula tenía una hojita en inglés con las explicaciones para no perderse.Pero primero de todo iríamos a ver las cascadas Trummelbach Falls, Que era lo que teníamos planeado. Cogimos el tren de Interlaken west a Interlaken ost, y ahí cogimos el tren a Lauterbrunnen. Todo ello cubierto con el swiss pass. Este día habíamos planeado ver Lauterbrunnen y las cascadas pero, como el pueblo ya lo habíamos recorrido el día del Jungfraujoch, directamente nada más salir del tren cruzamos la estación y la carretera y esperamos en la parada del bus. La parada del autobús que va a las cascadas está justo enfrente de la estación de tren, no hay pérdida. Además había una buena cola para subir. Al subir enseñamos el swiss pass y nos sentamos. Había leído que casi todo el mundo se bajaba en la parada de las cascadas y así fue, cuando vimos que anunciaban en la pantalla del bus la parda de Trummelbach Falls, íbamos a darle al botón para solicitar la parada pero ya se nos habían adelantado, y cuando bajamos casi todo el autobús se bajó aquí. Cruzamos la carretera y nos quedamos algo rezadas del resto porque no parábamos de mirar a nuestro alrededor, desde ahí se veía las grandes montañas alzándose impresionantes. La entrada a las Trummelbach Falls, cuesta 11 francos y hay un cartelito informando que no vale el swiss pass, supongo que muchos lo habían intentado, aunque el precio es muy barato. Cuando nos juntamos un buen grupo entramos en la roca y subimos a través de la montaña en un ascensor. Y al llegar arriba mientras la gente se iba a ver las cascadas nosotras disfrutamos de la vista. Al estar un poco más alto se veía todo el valle verde, con sus casitas y las montañas. Finalmente entramos a ver las cascadas, algunas se veían desde fuera y otras había que entrar dentro de la montaña, para ver como discurrían y caían, se veía muy bien el surco que habían dejado en la roca con la fuerza del agua durante tanto tiempo. La última cascada se ve caer directamente al río, y mientras vas bajando la montaña se nos apeteció un paseo por la zona.
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Klein Matterhorn - Suiza

Klein Matterhorn

Cuando íbamos a coger el billete para subir al Klein Matterhorn y entrar a la cueva de hielo unos españoles se acercaron para preguntar cuánto costaba la subida con el swiss pass, y tal cual se lo dijeron se marcharon. Hay que decir que la subida no es barata, nosotras preferimos ahorrar en no comer por ahí fuera sino de lo traído de España y subir a todos los sitios pero es cierto que a veces hay que elegir, Suiza es muy bonita pero bastante cara para nuestro nivel de vida. Con el swiss pass hay un descuento para la subida y al final nos costó 172 francos. También en las mismas taquillas se podían comprar los tickets para visitar las cuevas de Zermat, que vimos las pasarelas de madera desde el telecabina y tenía buena pinta pero no teníamos horas suficientes en el día para hacerlo todo. Montamos en el telecabina y mientras subíamos pudimos ver como decía el paseo entre la montaña y las grutas, el valle, la vaquitas pastando, las casita de madera. Y luego cambiamos al teleférico y más arriba solo veíamos la nube oscura tapando todo. Nos metimos dentro de la nube y solo se veía blanco alrededor. Cada vez estábamos más deprimidas pensando que no veríamos nada pero antes de llegar a los 3000 metros las nubes empezaron a desaparecer y de repente des los valles verdes que habíamos dejado atrás ahora estábamos justo sobre un glaciar, y enfrente nuestro se alzaba un pico todo nevado. ¡Qué ilusión!. Cuanto más subíamos mejor se veían los picos y la nieve y el glaciar. La radio del teleférico ya sonaba en italiano. Al llegar arriba del todo, a los 3838 metros, salimos corriendo para encontrarnos con un cielo lleno de nubes, otra vez no se vía nada y además hacia un frio horrible. Así que entramos nuevamente y bajamos a visitar la cueva de hielo, o plació glaciar como lo llaman ellos. Esta cueva no tenía el suelo de hielo, ni tantas figuras pero el techo era mucho más real y no hielo pulido. En la cueva estuvimos acompañando a una mujer inglesa que había perdido a su marido y le daba miedo andar por ahí, luego lo encontró en la cafetería. Cuando salimos de la cueva de hielo ya había salido el sol, las nubes se habían movido y aunque no se podía ver el valle si se podían ver los picos de las montaña, y salimos a las pistas de esquí a pasear y hacer fotos. Como éramos las primeras la nieve era toda virgen, y daba gusto andar por ahí. Luego nos siguieron un grupo de chinos que también corrieron aprovechar esos instantes de sol, que no duraron mucho. En cuanto se fue empezó a hacer otra vez muchísimo frio, ya no se veía ni glaciar, ni montaña, ni nada, así que entramos de nuevo para marcharnos. Subimos al mirador para probar suerte pero solo se veía al Cristo helado (como se notaba la parte italiana) y un cielo blanco. Así que bajamos de nuevo en el teleférico, y otra vez vimos el glaciar por entre las montañas y otra vez una gran nube blanca que no deja ver nada y cuando salimos de la nube aparece un arco iris sobre el valle, cada vez más visible cuanto más nos acercábamos a Zermat. Al final tuvimos suerte de que no lloviera y que tuviéramos algunas bonitas vistas.
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