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Diario 2016: Italia - Baile en el Palazzo Tucci de Lucca - dia 2

Empezamos la tarde del viernes preparándonos para la clase de baile en el Palazzo Tucci. Antes de la clase fuimos a descubrir donde se encontraba el palacio porque entre tantas callejuelas de Lucca es fácil perderse y vestidas de época napoleónica no es la mejor manera de pararse a preguntar o mirar un mapa. Aunque íbamos cinco nos separaron en dos grupos, unas al primero, porque iban con el pequeño hijo de una de las cinco y que dadas las horas que tiene un bebe no podía quedarse despierto hasta muy tarde, y el resto fuimos al segundo grupo. Fue necesario poner dos grupos porque éramos mucha gente para bailar en el salón del palacio Tucci. 

 
 

En el primer grupo había principalmente ingleses, malteses y rusos, y en el segundo grupo principalmente italianos y españoles. En el palacio hay habitaciones donde alojarse y una de mis amigas había alquilado los trajes y la persona que se los iba a dar estaba alojada en el palacio así que me preparé para el baile, con mi cinta con plumas rojas y blancas a estrenar. Acompañamos a las amigas al primer grupo, iban con retraso y se habían perdido, y como nosotras ya habíamos mirado el camino las guiamos hasta la entrada del palacio donde nos encontramos con una pareja rusa encantadora que conocí en la isla de Elba durante el bicentenario de la expulsión de Napoleón. Para entrar al palacio había que tocar al timbre para que abrieran las verjas por lo que sin haber estado antes es confuso saber que ese es el palacio, como decía en mi entrada sobre Lucca, el exterior de los palacios no hace suponer que sean palacios. 

 
 

En el interior nos encontramos con un patio central con adornos florales que lleva a unas escaleras para subir a las salas del palacio. Una vez arriba se comprende por qué es un palacio, las salas estaban todas decoradas con pinturas, tanto las paredes como los techos, también había espejos y lámparas estilo palaciego. La sala principal del palacio tenía dos grandes pinturas de estilo greco-romano y las amplias puertas del mismo daban lugar a pequeños salones decorados con diversos colores que dan a una gran sala con varias puertas, estas puertas son las habitaciones, también con grandes pinturas como el resto del palacio y una cama con columnas como de época. La gran sala da al balcón del palacio, un buen lugar para disfrutar del aire fresco una vez estuvieras muy acalorado por el baile, porque realmente los bailes de la época napoleónica con tanto giro y vueltas con intercambio de parejas al final da mucho calor y el abanico es un instrumento necesario. 

 
 

En el primer baile fui algo reticente a salir a bailar pese a la petición de un caballero italiano, y eso fue porque esperaba que mi amiga se uniera al baile, pero como no parecía ni siquiera interesada en tomar fotografías, en el siguiente baile me acerqué a la zona de las damas y acepté la siguiente petición a bailar. El baile “La Marquise” era el más sencillo de todos, ya lo había bailado en Elba por lo que aunque soy bastante torpe no necesito ayuda de un maestro de baile en este caso, pero mi pareja era un poco más torpe que yo porque en uno de los giros en vez de tomar mi mano para girar tomó la de otro caballero. Una situación en la que uno no sabe si seguir adelante o pararse. Aun así fue un placer poder bailar, aunque fue mi primer y último baile dado que hice compañía a mi amiga y dentro de la habitación de la encargada de darle los vestidos me perdí toda la clase de baile. Es cierto que fue decisión mía no abandonar a una amiga y quedarme con ella en vez de irme a disfrutar del baile pero no me sentiría bien conmigo misma si dejaba a mi amiga sola. Aunque eso no quiere decir que esta recreación empezara con mal pie y terminara peor, pero eso es otra historia. 

 
 

Una vez conseguimos todos los trajes ya casi había terminado el baile y para terminar el día llovía, y no llovía un poquito sino que llovía con fuerza. Mi amiga se fue sin paraguas hasta el apartamento a buscar un paraguas para los trajes y para mí, que con ropa de la época napoleónica no es la mejor manera de correr bajo la lluvia. Solo trajo un paraguas por lo que a la vuelta nos mojamos un poco, pero nada en comparación con lo que me hubiera mojado sin el paraguas, porque de camino al apartamento empezó a llover cada vez más fuerte hasta que parecía que caía el diluvio universal. Además, justo cuando teníamos el paraguas e íbamos a marcharnos una mujer se empeñó en preguntarnos por una calle, por más que le decíamos que no éramos de ahí, que no insistiera, que ni entendíamos italiano. Los bajos de los vestidos de muselina blanca acabaron marrones, por mucho que uno se lo suba hasta las rodillas intentado no mojarse con los charcos, y los zapatos estuvieron empapados durante un día entero. En la época napoleónica no iban vestidos para el diluvio universal.

 
 

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