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Diario 2016: Noruega - Camino de Stavanger a Bergen - dia 3

Al día siguiente amaneció soleado, cumpliendo las previsiones meteorológicas que daban sol y nublado, el nublado lo tendríamos por la tarde. Lo cierto es que todos los días se cumplieron las previsiones, y pese a las nubes tuvimos muy buen tiempo, con una temperatura fabulosa. Comenzamos la mañana de autobús, dado que recorreríamos el camino de Stavanger a Bergen, donde llegaríamos a la hora de comer. Para no hacerlo tan pesado el camino de Stavanger a Bergen fue salteado con varias paradas y dos ferrys que tuvimos que coger para poder pasar de costa a costa. Cuando fuimos a coger el primer ferry llegamos justo para verlo marchar así que tuvimos que esperar una media hora para coger el siguiente y cruzar el fiordo de Bonka. El día era soleado y alrededores estaban las praderas de color verde y las ovejas blancas pastando. 

 
 

En los ferry teníamos que descender del autobús por obligación, por lo que pese a que tienen cabina interior siempre salíamos al exterior para disfrutar de las vistas el mar de los fiordos que cruzamos estaba super tranquilo y el agua de un color azul igual al cielo. Es curioso cómo viven los países ricos, aunque hay que pagar billete nos dijo el guía que si nos preguntaba el revisor dijéramos que ya habíamos pagado y si había algún problema que le señaláramos a él y lo cierto es que casi nunca nos preguntaron y cuando lo hicieron con solo decir “ya pagado” fue suficiente, ni siquiera tuvimos que enseñar el billete. Además de cruzar dos veces por barcos, también fuimos atravesando varios túneles submarinos, escavados bajo el mar para no estropear el paisaje (según el guía los noruegos son muy dados a cuidar la naturaleza tal y como está). En estos túneles no se ve nada más que la roca escavada, pero excepto uno la mayoría no eran muy largos. 

 
 

A parte del camino en ferry el trayecto por carretera nos brindó una serie de paisajes hermosos, con verdes colinas y praderas, tranquilas vacas y ovejas, pintorescas casitas y granjas de colores, todas perfectamente ordenadas y en su lugar, como si de una postal se tratara, y espectaculares lagos y fiordos con agua cristalina que parecían espejos reflectantes. Lo cierto es que el paisaje de esta zona me recordó mucho al de Escocia, con esos verdes, azules y grises. Un camino para disfrutar de las vistas.

 
 

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