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Diario 2018 TAIWAN: Dia 4- Jiufen

A Jiufen llegamos desde Ruifang. Fue algo increíble porque volvimos de Shifen en el tren Pingxi, llegamos a Ruifang, bajamos y salimos de la estación de tren que da directamente a la parada de taxis, no había ningún taxi pero era la zona de taxis (por el cartel), y nada más llegar una mujer con un cartel nos enseñó un cartel con varias fotografías, le señalé lo que parecía Jiufen y ella nos llamó un taxi que salió de la nada, nos hizo montarnos y nos encaminamos a, suponemos, Jiufen, dado que en ningún momento tuvimos tiempo para abrir la boca ni decir nada ni enseñar el nombre del pueblo ni nada, el proceso fue raro y muy rápido. Creo que están tan acostumbrados a los turistas que ya saben lo que queremos hacer porque tras un recorrido por la montaña llegamos a Jiufen, el taxi nos dejó en la parada del bus y nos señaló unas empinadas escaleras. Hay que tener en cuenta que Jiufen no tiene parada de tren por lo que o llegas en coche o en autobús. Le pagamos la tarifa fija y nos acercamos a la parada del bus para disfrutar de las vistas.
 
  

Jiufen es un pueblo situado en la montaña frente a las costas del Océano Pacífico y como hacía un día soleado y despejado las vistas eran espectaculares. Se podía ver en la distancia la costa noreste y la isla de enfrente mucho mejor cualquier otro día dado que había un cielo despejado y el verde de la costa y la isla se veía con detalle. Tras disfrutar de la vista tuvimos que empezar a subir las escaleras, que dado el calor no nos apetecía mucho pero esto es Taiwán y no hay día sin escaleras. En la subida pudimos parar por estrechas calles y plazas con casas decoradas con farolillos, hay mucha gente visitando Jiufen y eso que es un día entre semana, sobre todo muchos escolares con uniforme. En un lateral de unas de las escaleras en cuesta que recorre el pueblo de Jiufen se encuentra la figura de un minero, y es que hay que recordar que Jiufen tuvo la mayor mina de oro y cobre de Asia durante los años cincuenta. Y justo sobre la figura del minero hay una plataforma llena de turistas haciendo fotos y es que en un lateral se encuentra la Tea House, la casa de té con farolillos que inspiró a Hayao Miyazaki a la hora de crear los escenarios de la película de animación ganadora de un Oscar “El viaje de Chihiro”. De día no tiene el mismo encanto que de noche, por eso nosotras en vez de coger un tour hemos decidido pasar noche aquí, en el mismo alojamiento que recomendó en su diario de viaje de Taiwán. 

  

  

Seguimos subiendo algunas escaleras más hasta llegar a la calle principal que empezamos a recorrer, esta llena de tiendas de todo tipo y, por supuesto, de comida. Así seguimos hasta localizar el alojamiento, ya son pasadas las tres así que decidimos entrar para dejar el peso en la habitación, pero justo antes de nosotras ha llegado un grupo con guía y sus mega maletas así que tenemos que esperar, la cosa se alarga durante una hora y los del sitio nos ofrecen té gratis para tomar ahí mientras esperamos, y unos cupones de descuento que usamos para comprarnos un café heleado. Finalmente conseguimos subir a nuestro habitación y el lugar, aunque son todo escaleras, es muy curioso, la habitación es enorme, la taza del baño es de estilo japonés, y en las paredes de las escaleras tienen un antiguo impermeable taiwanés (no sabíamos lo que era pero en uno de los tours con guía que contratamos vimos otro igual y le preguntamos al guía qué era eso, en ocasiones viene bien tener un guía). 

  


Salimos del hotel y continuamos por la calle hasta uno de los miradores del pueblo desde donde vimos uno de los templos de Jiufen y disfrutamos del atardecer sobre la costa. Una vez pasado el atardecer volvimos al entresijo de calles y escaleras que ahora aún estaba más abarrotado de gente que antes, y es que las calles adornadas con los farolillos iluminados tienen un mayor encanto que vistas de día. Sin duda hay que disfrutar de Jiufen de noche. 

 

  

Regresamos hasta la Casa del té y la figura del obrero de las minas, aquí es raro que no hubiera ningún accidente bajando esas empinadas escaleras, que tienen una vista del mar y de los farolillos muy bonita pero que está tan llena de gente que parece la salida de un festival de música de la gente que hay. Muchos son estudiantes japoneses, aquí lo que más nos encontramos son turistas japoneses, casi parece que esté en Japón en vez de en Taiwán. 

  


Llegamos a la parte de la Casa de té que iluminada con los farolillos nos guata mucho más, aunque hay un flujo constante de turistas y más turistas haciéndose fotos con la casa en cuestión dado que ahora sí que refleja el parecido a la inspiración de “El viaje de Chihiro”. Decidimos entrar a la casa de té para acabar el día tomando un té desde la terraza, al entrar nos dicen que solo hay servicio tradicional de té pero no nos importa, de las tres solo a una le gusta el té a una por lo que subimos hasta la terraza y una chica nos sirve el té y nos hace una muestra en inglés de cómo se sirve el té de forma tradicional, nos deja una gran olla de agua en el suelo con fuego para que se mantenga hirviendo y todos los demás componentes para tomarnos el té y las pastas. Fue bastante divertido, y los japoneses al lado nuestro nos ayudaron en el proceso de conseguir rellenar el té de nuevo. 

 
 

Cuando terminamos volvemos a pasear por las calles de Jiufen hasta las nueve de la noche en la que tanto los mercados (ya sean de souvenirs como de comida) están cerrando y Jiufen se queda desierta, nadie pasea por sus calles y nosotras regresamos al hotel para dormir.

 

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