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Diario 2018 TAIWAN: Dia 5- Taipei: Chiang Kai Shek Memorial, Ximen, Bagka

Nos levantamos temprano para poder llegar a Ruifang a tiempo para coger el tren que teníamos reservado. Los billetes de tren los puedes comprar en el momento o reservar y coger con antelación. En esta página web www.railway.gov.tw/en/index.aspx se pueden ver todos los horarios y recorridos lo que sirve para organizarse muy bien el viaje. Nosotras nos miramos los horarios, creamos un recorrido y excepto cuando cogimos trenes locales (Taipe-Ruifang, Tren Pingxi, Taichung-Chanhua y vuelta) ,el resto de trenes los compramos el día de nuestra llegada a Taipei en las ventanillas de la estación central. Asi que nosotras ya teniamos los billetes de tren de Ruifang a Taipei, calculando que hay media hora de trayecto en taxi de Jiufen a Ruifang salimos con una hora de antelación a la salida del tren por si acaso. Justamente cuando llegamos ala parada de taxis de Jiufen no había ninguno y tuvimos que esperar, afortunadamente llegó uno a tiempo para llegar a Ruifang con tiempo de sobra para coger el tren. Nuevamente no pudimos ni decir a donde íbamos, el taxi nos cogió y nos dejó en la estación de tren de Ruifang sin que dijéramos palabra.

  
  

Este tren no tenía espacio para las maletas excepto las bandejas superiores a los asientos que según el tamaño de la maleta no sirven. Cuando se viaje con equipaje es bueno saber estas cosas.Cuando llegamos a la estación central de Taipei nos fuimos a buscar la línea verde de metro, a la parada de Chiang Kai Shek. lo primero que visitamos fue el Chiang Kai Shek Memorial Hall de día, porque como nos había gustado de noche no podíamos dejar de verlo de día. El lugar está situado en el centro de la ciudad y tomamos el mismo metro que por la noche. Después de unos días cálidos pero soportables este día había decidido hacer mucho calor, y como en la plaza no hay ningún sitio que te resguarde del sol abrasador, además no era un calor húmedo sino un calor intenso que dejó a mis amigas un poco sin ganas de ver el lugar. Yo en cambio me moví del auditorio al teatro nacional para ver todos los detalles de los coloridos edificios de día. Después disfrutamos de la vista de la puerta de día, que ya se veía de color blanco aunque si hacía dos noches había estado libre de obstáculos ahora lucía unas vallas en medio. Habíamos faltado un día y ya nos había puesto obstáculos a la vista. Desde la puerta caminamos hasta el memorial para, ahora sí, subir los peldaños que nos llevarían arriba del todo. La subida y bajada solo se podía hacer por un lado porque el otro seguía cortado por obras. Las mejores vistas de la plaza se obtienen desde la escalera del Memorial. El Memorial es un edificio de forma octogonal de color blanco con azulejos azules y la escalera tiene 89 peldaños que son los años que tenía Chiang Kai Shek a su muerte. 

  
 

Al subir las 89 escaleras se accede directamente donde está la estatua del dirigente custodiada por la guardia. La escultura es enorme de un color marrón y es más bonito el techo que la escultura en sí, aunque supongo que para los taiwaneses tienen un gran significado, los vi muy distintos en su cultura a lo que son en China continental y Hong Kong y más parecidos a los japoneses, por lo que entiendo que no se sientan muy chinos, de verdad son muy diferentes. Los guardias que hay a cada lado de la estatua son muy jovencitos y deben pasar un calor horroroso, nosotras lo pasábamos y no llevábamos tanta ropa (y eso que tienen unos pequeños ventiladores a su espalda), suelen estar quietos y cuando se mueven lo hacen muy lentamente, luego tienen a uno trajeado a sus espaldas que está ahí para susurrar con ellos si está todo bien o mal y recolocarles la ropa si se les ha movido. Como faltaba poco para la hora en punto nos quedamos esperando el cambio de turno de guardia. Durante el cambio de guardia se mueven con una coreografía de movimientos lentos, como cuando mueven las piernas o el brazo mientras guardan la estatua del dirigente. Cuando acaba el cambio de guardia otros trajeados y otros soldados se quedan en el lugar, en nuestro caso el soldado que le tocó hacer guardia le debía picar la nariz porque le susurro algo al trajeado (no entendemos el chino que hablan en Taiwán pero aunque lo entendiéramos no se oía nada) y el otro se echó a reír bajito y le rascó la nariz. Desde aquí se puede bajar al tercer piso o al primero por ascensor para así visitar lo que era el despacho de Chiang Kai Shek, pero nosotras, con tanta gente como había, no lo hicimos sino que bajamos por las escaleras y cogimos el metro la línea roja esta vez para ir al barrio de Ximen. 

 

  

En esta zona las calles son peatonales y están las tiendas de marca, quería haber venido de noche porque parece que estés en el barrio de Shibuya en Tokio, pero al final un resfriado me lo impidió. Como no nos van nada las compras (somos viajeras atípicas, ni comida ni compras cuando viajamos) nuestro recorrido por el barrio iba destinado a la visita cultural. Empezamos por la Casa Roja que está al lado de la estación de metro. Esta casa de color rojo es de ladrillos y aspecto octogonal, dentro hay una serie de tiendas y un aire acondicionado muy fuerte (como todo el aire acondicionado que ponen en Taiwán) pero que nos supo a gloria por el calor que hacía fuera. Hay un cartel, como en todos los sitios históricos, que cuenta la historia del edificio, que originalmente era un mercado. Aquí cerca había un templo que no encontramos pero continuamos nuestro camino por unas calles muy taiwanesas que consisten en que la acera está techada (magnifico para evitar la lluvia o el intenso sol) y están ocupadas o invadidas por los comercios (ya sean tiendas o restaurantes). Y en los laterales de las aceras un sinfín de motocicletas aparcadas. Los taiwaneses se mueven mucho en moto porque es la forma más rápida, en las próximas entradas ya os contaré todas las curiosidades que vimos, el caso es que al final el único hueco para que el peatón camine es la carretera junto a los coches y las motos aparcadas. Aún así es muy difícil tener un accidente porque al parecer están acostumbrados a tener que caminar por la carretera y los coches y motos saben convivir con ello. 

 

Seguimos por la calle hasta llegar al templo de budista Qingshui, ocupaba toda una explanada grande y tenía afluencia de gente, pero a estas alturas ya habíamos visto templos budistas y no nos acercamos para verlo de cerca y nos quedamos con su exterior. Aquí descansamos a la sombra en una placita antes de coger la calle que nos llevaría a nuestros próximos puntos turísticos. Tras el descanso (hacía bastante calor) fuimos caminando por el lateral izquierdo de la calle hasta llegar al templo taoísta Banka Quinshan, la calle no tiene nada en especial y el templo está en un rincón muy pequeño. Al igual que pasa en otros templos de Taiwán no solo se venera al Rey Qingshan sino a un montón de dioses. Además aquí vimos que les encanta mezclar dioses taoistas con budistas y todo dios que puedan meter. Este templo no le gustó mucho a una de mis amigas porque los taoístas tienen unas figuras de gran cabeza (como si fueran cabezudos) y aspecto furioso, así que dan un poco de miedo. Aun así es recomendable visitarlo para ver un tipo de templo diferente. En Taiwán cada templo es distinto y no puedes decir que visto uno vistos todos porque, aunque por fuera lo parezca, no es así. Siguiendo por la misma calle llegamos a unas puertas chinas que nos indican el inicio del mercado nocturno de Huaxi. Como es de día la mayoría de los comercios están cerrados y solo vemos abiertos algunos rincones de comida y los sitios de masaje. Lo bueno del mercado es que tiene techo que protege del intenso sol. 

  

Tras pasa un par de puertas chinas salimos del mercado para llegar al templo Longshan. Este es el templo más importante de Taipéi, es de 1738 y se ha tenido que reconstruir dos veces debido a los tifones pero siempre conservando el aspecto original. El lugar es bastante grande y estaba lleno de turistas y de creyentes que conviven en armonía porque cada uno va a lo suyo. Nada más entrar a la derecha está la cascada Jingxin y en el centro el templo. La cascada de agua refresca el ambiente, que como decía, hacía mucho calor. Entrando por la derecha acabas llegando al patio principal que está lleno de mesas con comida y la entrada con un altar con alguno de sus dioses. Está lleno de fieles que vienen a hacer sus oraciones y presentan la comida a los dioses, había mucho incienso y el templo era muy grande pero lo que más nos llamaba la atención eran los files. La duda que nos quedaba es que hacían luego los del templo con toda esa comida, porque el templo estaba lleno de comida. 

  

Al salir del templo buscamos un sitio para comer pero como son tan especiales con la comida acabamos entrando en un 7-11 a comprar cualquier cosa comestible y nos paramos a a comer algo en el parque junto a una pareja de japoneses y todo un grupo de vagabundos. Es lo que tiene ser tan raras comiendo, al final acabamos con unas patatas fritas en un parque de vagabundos taiwaneses frente al templo de Longshan, eso sí, entretenimiento tuvimos un rato. Tras la comida regresamos al hotel a recoger nuestras maletas para coger el tren a Hualien, nuestro próximo destino. Aquí teníamos un tren reservado, el Puyuma Express (al final cogimos todos los tipos de trenes que tienen en Taiwán) y fueron 3 horas de trayecto, por lo que no salimos muy tarde de Taipei para no llegar muy tarde a Hualien y descansar para el día siguiente.

 

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